
En la actualidad, existen medios de comunicación, como la agencia www.ipsnoticias.com, que dan cuenta en sus artículos de la bienaventuranza de Venezuela, al proclamar que “avanza en sus fichas internacionales, intentando convertirse el país líder de América Latina, al conquistar el apoyo político de la región, prestando auxilio financiero a empresas estatales en apuros, ofreciendo mega-gasoductos y suministrando crudo por canje”.
Esta hipótesis es apoyada, incluso por grandes autores internacionales, que ven al gobierno populista de -Hugo Chávez- como una forma de independencia de América latina, respecto al imperialismo de Estados Unidos. Al menos así lo señala el connotado lingüista y activista político norteamericano, Noam Chomsky, tanto en su libro “Latinoamérica declara su independencia”, como en una entrevista que dio el año 2006 en nuestro país.
En esa oportunidad Chomsky sostuvo en la Universidad de la Frontera (Chile) que incluso en Venezuela "se vivía un clima de total democracia", respecto a los otros países. Esto lo anunció justo cuando Venezuela era uno de los candidatos para formar parte de los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.
Pese a la gran adherencia y confianza popular que tienen países de América Latina, e incluso sectores que están en contra del Gobierno de George W. Bush, en el proyecto bolivariano que tanto se esmera en dar vida Hugo Chávez, los argumentos que se oponen a su populismo y a la expansión de su domino por América Latina, siguen siendo mayoría.
Muestra de ello es un artículo que escribió el analista político y económico, Francis Fukuyama, en el diario norteamericano "The Washington Post", el cual tituló “El fin de la historia”, al igual que uno de sus clásicos libros, pero esta vez con un dejo de ironía, puesto que señala al chavismo como el término de la historia”.
El autor sostiene que “el éxito de Chávez en atraer la atención – haciéndose amigo de Fidel Castro, firmando acuerdos de compra de armas en Rusia, visitando Irán y criticando incesantemente a Estados Unidos, es lo que ha popularizado la idea de que el chavismo encarna un nuevo futuro para América Latina”.
Sin embargo, Fukuyama señala que esto no es factible en la región sur del continente americano, puesto que la mayoría de los países latinos no piensa igual que él, porque son democráticos. “Las tendencias dominantes en el hemisferio son fundamentalmente positivas. La democracia se está fortaleciendo y las reformas políticas y económicas que se están emprendiendo auguran un bien para el futuro”, bien que para Fukuyama, no es precisamente el modelo político de Chávez.
Por lo anterior, lo compara mucho más con países conflictivos como Irán y Rusia, sosteniendo de esta forma que “si hay algo que el fenómeno de Chávez sea de Latinoamérica, es su pasado”. Con esto se refiere al retardo que experimentó el país caraqueño en términos de estándares de vida, debido a que a diferencia de otras naciones, no sufrió la crisis de la deuda latinoamericana en los 80, situación que lo habría dejado propenso, según el politólogo, a las formas de populismo económico.
Todo esto hace presagiar la poca probabilidad del sueño bolivariano, que pretende llevar acabo Hugo Chávez. Ese al que se refiere cada vez que puede, y que utiliza como una suerte de escudo para bombardear las propuestas imperialistas.
Sobre la sustentabilidad de este discurso fue consultado por la agencia de prensa no alineada www.volatire.net, donde señaló lo siguiente: “Yo creo que este es un buen momento para realizar sueños. Nosotros estamos avanzando hacia este objetivo en varias direcciones, por varios frentes. Y creo que ningún otro sueño puede ser realizado si no se empieza por un proceso unitario latinoamericano”.

No obstante, la defensa a ultranza que realiza el líder bolivariano de la integración regional, no es suficiente para combatir los bombardeos ácidos contra su modelo político.
Otro de los puntos en contra que resalta Fukuyama en su artículo de "The Washington Post", es que “Las fuerzas políticas dominantes en América Latina, a tiempo que traen al poder una nueva generación de políticos de izquierda, van en contra de las de Venezuela”.
Con esto, hace referencia a que hoy en día al chavismo le es muy difícil integrar a Latinoamérica, puesto que -incluso países del ara izquierda- se han adaptado al modelo político capitalista que Hugo Chávez tanto repudia.”Ahora los bancos centrales y ministerios de firmeza de la región son mucho más capaces de mantener políticas monetarias y fiscales sanas. Inclusive Presidentes inclinados a la izquierda, como el brasileño Lula da Silva y el argentino Kirchner, no son partidarios de apartarse de la ortodoxia económica”.
De acuerdo a lo que indican la serie de planteamientos que critican y destruyen el sueño de Chávez, de convertirse en el gran Presidente de Latinoamérica integrada, la mayor flaqueza y debilidad de su populismo es precisamente el petróleo. Aquél recurso natural que ha utilizado como arma para conseguir adherencia popular en su país, y en el resto del continente latino.
Así lo plantea Francis Fukuyama, avalado incluso por el mismísimo ex Presidente de Chile, Ricardo Lagos Escobar.
El economista norteamericano plantea que “El autoritarismo postmoderno de la Venezuela de Chávez durará sólo mientras se mantenga alto el precio del petróleo”. Es decir, si esta situación se revierte, el ideal bolivariano en América Latina, nuevamente fracasaría.
En tanto, Ricardo Lagos sostuvo en el diario "El Universal" de México, que la propuesta de Chávez simplemente no tiene solidez política, principalmente porque , el Presidente venezolano, no puede pretender que se siga su modelo político, si no todos los países latinoamericanos cuenta con la cantidad de petróleo que tiene Venezuela. “Me encantaría que todos (los países) tuvieran lo que tiene Hugo Chávez: la chequera, porque así las cosas serían más fáciles".
El ex mandatario chileno además le reprochó que, pese a que él también cree que los países latinos deben unificarse como la Unión Europea, eso no significa que todos tengan que vivir bajo el mismo régimen económico. “un proceso de integración no significa que un mismo modelo les sirve a todos".
A esta postura se adhieren otras importantes personalidades, quienes señalan las escasas posibilidades que tiene el chavismo para convertirse en el futuro gran gobierno de Latinoamérica.
Uno de ellos es Jorge G. Castañeda, ex canciller de México, quien señaló en un artículo del "El nuevo diario", la poca estabilidad del esquema político de Chávez, y la gran dependencia que tiene éste del oro negro. “Creo que la política de Chávez es gastar el dinero del petróleo. Cuando se acabe ese dinero, ¿qué va a hacer? No hay una política social, no hay una política internacional, no hay una política económica... No hay nada. Lo único que hay es muchísima plata, porque hay mucho petróleo”.
En el mismo artículo, Roberto Álvarez, Embajador de la República Dominicana ante la OEA, avaló esta postura diciendo: “Éste es un populismo que tiene un nombre muy claro: Hugo Chávez, y junto al nombre, una etiqueta: el petróleo. Sin el petróleo, este populismo no tendría piernas para levantarse, como dicen los gringos”.
Todo lo anterior da muestra de la negativa dependencia que tiene Hugo Chávez de su recurso natural, a juicio de distintas personalidades, quienes consideran que es ésta su única herramienta, para demostrarle a las demás naciones del continente, estabilidad y una suerte de Gobierno funcional, que en términos utópicos, se podría considerar como factible. Sin embargo, parece ser que esto más que darles algún tipo de seguridad, lo único que hace es pensar en que el sueño bolivariano es débil, y que una vez más tambalea.
Mal inherente al populismo de Chávez
A la gran debilidad política y económica del esquema chavista, también se adhieren otro tipo de falencias que este modelo populista lleva encarnado en sus ideas centrales. Sobretodo en lo que respecta al fenómeno social que ha despertado el Presidente caraqueño, en su pueblo.
Así se señala en "The Washington Post", donde Francis Fukuyama, también considera como otro de los riesgos de Chávez, la ayuda social, factor que le ha asegurado a su pueblo, que no les falte nada mientras tengan petróleo, ignorando la posibilidad de que esta situación se le revierta, y no tenga suficiente recurso para abastecer a todos. “Los subsidios a los alimentos, serán difíciles de mantener sin los altos precios del petróleo”.
Por otra parte -el cientista político- también plantea que, pese a que la “popularidad de Chávez entre los pobres de Venezuela se basa en sus políticas sociales, donde ha realizado iniciativas innovadoras, subsidiado alimentos, y además a igualado precios”, es poco aplicable y favorable para Latinoamérica, puesto “que esto puede provocar dependencia, de los pobres respecto del Gobierno”.
Pero sin lugar a dudas, lo que más destaca es que, si los países de América del sur, no logran “solucionar sus desigualdades sociales, el chavismo puede representar una amenaza en algún sentido”, enfatizó el humanista.
No obstante, sostiene que sólo puede instaurarse como una amenaza, ya que plantea que, si las naciones logran arreglar el conflicto social que tienen a nivel interno, podrían “acabar con el fenómeno chavista”. Porque para Fukuyama lo único que soporta el modelo venezolano es su política social, junto al precio del petróleo.
En consecuencia, para Fukuyama la situación de Venezuela y del populismo de Chávez, es similar a lo que pasó con el derrumbe de uno de sus viaductos.
Así lo destaca en una de sus frases. “En diciembre colapsó un puente que unía la capital de Caracas con su aeropuerto, desviando el tráfico hacia las montañas y convirtiendo un viaje de 45 minutos en uno de varias horas (...) El puente es el epítome de lo que pasa en la Venezuela de hoy. Mientras Chávez va en avión de propulsión a Minsk y Teherán, en busca de influencia y prestigio, las infraestructuras del país colapsan”. Al igual que sus proyectos en Latinoamérica, sentencia el economista norteamericano.