Sin lugar a dudas que a fines de los `90 la situación política latinoamericana tomó un giro bastante radical, marcada por la llegada de gobiernos de corte socialista a esta parte del mundo: Chile con Ricardo Lagos, Brasil y Lula Da Silva, Alejandro Toledo en Perú, Argentina y Néstor Kirchner, por nombrar los de mayor relevancia. Actualmente habría que agregar al Presidente de Ecuador, Rafael Correa. Quizás este último sea el facsímil más cercano a quien ha sido el precursor de este cambio en la región: el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías.
Su particular forma de manifestarse, propia de un estilo más bien caribeño que sólo vemos en las teleseries, nos resulta bastante extraña, hasta simpática, incluso cuando ataca a alguien. Por ejemplo, cuando se refiere a George W. Bush como Mister Donkey.
En su afán por lograr la unidad regional, ha delineado su hoja de ruta en base a la ayuda que puede dar su abultada economía a naciones más modestas. Es el caso de Bolivia, donde mediante ayuda militar se gana el cariño de todos muchos bolivianos, y la antipatía de tantos otros chilenos.
Su llegada trae consigo transformar el panorama económico de esta parte del continente. Su enorme poderío petrolero lo pone como un coloso latinoamericano, superando a Brasil, que ostentaba el privilegio de ser la pionera.
Poco tiempo atrás celebró su incorporación al Mercosur, donde desempeñará un papel trascendental junto al país carioca y Argentina. Sin embargo, antes renunció a otro bloque comercial: la Comunidad Andina (CAN), debido a que otros integrantes como Perú y Colombia –y Chile desde antes, por supuesto– habían firmado sendos Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos.
Según el sitio aporrea.org, Chávez señalaba que eso no podía ocurrir porque un país debe “estar en uno o en otro (bloque comercial)”, refiriéndose a que los países sudamericanos no pueden tener acuerdos económicos con Washington, debido a que es una “bigamia incompatible de la integración de la región”. Su tan anhelada y codiciada alineación de los países latinoamericanos, por supuesto contrarios al imperialismo del país norteamericano.
El Chávez desconocido
Pocos saben que el carismático Presidente es hijo de padres profesores, que se graduó en su etapa escolar de Bachiller en Ciencias. Sabemos que es un militar de tomo y lomo, pero poco sobre que es Licenciado en Ciencias y Artes Militares, en la Rama de Ingeniería Terrestre y que en 1990 realizó una Maestría en Ciencias Políticas en la Universidad Simón Bolivar. No por nada hace las cosas que hace. Y no por nada generan ese impacto. Él ya sabe que lo que dice generará controversias. Es su manera de abrirse camino.

Además, el líder venezolano es un aficionado acérrimo del deporte más popular de su país: el béisbol. Basta con recordar la recepción que le dio, en el 2005, al manager de los Medias Blancas de Chicago, Ozzie Guillén, luego de transformarse en el primer técnico latino campeón de las Grandes Ligas de Béisbol de Estados Unidos. No por nada practicó el juego de pelota –era lanzador o pitcher– hasta cerca de los 30 años. Sin embargo, más adelante se vio imposibilitado de seguir practicándolo.
De seguro si le preguntáramos a algún partidario venezolano adicto a Hugo Chávez (también conocido como los chavistas) acerca de esto, podría decir que lo que perdió Venezuela en el béisbol, lo ganó la política. Incluso, estuvo a punto de convertirse al sacerdocio. Raro dirán muchos. Pero en realidad Chávez y toda su familia son muy apegados a la religión católica.
El Chávez que conocemos hoy se debe a múltiples influencias. El primero fue Adán, su hermano mayor. Él lo inició en esto de la política, cuando Hugo era recién un chamaco que apenas se afeitaba, allá por los ´70. El primero de los hijos del matrimonio Chávez Frías, ex embajador venezolano en La Habana y próximo ministro de la Presidencia, le inculcó las ideas comunistas, pasándole algunos textos para que se desarrollase. De hecho a los 16 años de edad ya pertenecía a movimientos revolucionarios izquierdistas de lucha armada en las montañas.
En una entrevista concedida a la Revista Bohemia, Adán Chávez señalaba que en aquel entonces “coincidíamos en que un cambio en Venezuela necesitaba de la unidad cívico-castrense, y yo serví de puente para conversaciones entre los cuarteles y sectores civiles revolucionarios hasta la ejecución del fallido alzamiento de 1992 contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Luego toda la historia es conocida.
También hay que tomar como mentor de “la efervescente personalidad y poco cultivada provisión de neuronas” de Chávez –según la opinión de Alberto Montaner, del diario Nuevo Herald de Miami– al argentino Norberto Ceresole, quien le inculcó las relaciones entre un caudillo, las asambleas deliberativas del pueblo y un ejército que mantenga la seguridad.
En relación a Chile, a muchos le debe causar extrañeza e incomodidad del por qué Chávez siempre tiene un trato amable y cariñoso con la Presidenta Michelle Bachelet. Quizás eso se debe a que él aprendió muchas cosas de una compatriota: Marta Harnecker. Ella, en el tiempo en el que estuvo en Venezuela, le enseñó la manera correcta de cómo se podía llevar a cabo el socialismo en su país. No por lo menos a como era en Cuba.
Pero la persona que más enseñanzas le ha dado es un venezolano de raíces árabes, llamado Haiman El Troudi. De hecho, él es uno de los colaboradores más cercanos al Presidente. A Haiman le debe el que sea un mandatario sumamente autoritario, el que haya eliminado los demás poderes del estado, una alta intervención económica. Pero por sobre todo, el que sea un antiamericanista y antioccidental. Es el nuevo socialismo que se practica hoy, no el añejo, sino que el Socialismo del Siglo XXI.
Aquel rejuvenecido socialismo ha llevado a Chávez ha expandir sus planes por varios países de América Latina, en especial el eje Caracas-La Habana-La Paz, a lo que se le podría agregar Quito, en un intento de lograr la tan ansiada independencia de América Latina, la revolución bolivariana.
Ese socialismo podría ser considerado por los expertos como algo fantasioso. Para ellos es más que una utopía. Un socialismo regional que tiene, como premisa básica, la unidad, la convergencia y la integración. Sin embargo, aquella pretensión tiene aún mucho por trabajarse. La resistencia de algunos países ha dificultado los planes venezolanos, aunque igual ha seguido adelante sus planes con acuerdos comerciales, y apoyo en educación y salud hacia las naciones latinoamericanas. Por supuesto, enmarcado en la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), el modelo de integración fundado por su país y Cuba.