Populismo

Lula Da Silva y Hugo Chávez:
La controvertida lucha por el liderazgo regional
Por Paola Muñoz.


Hugo Chávez y Lula disociados No parecía que los gobiernos de Luiz Inácio Lula Da Silva y Hugo Chávez Frías se dirigían directo hacia la ruptura de su aparente fraternal relación. Pero, de un tiempo a otro, brotaron elementos indispensables que dejaron entrever las distancias que se fueron estableciendo y hasta las pugnas que se crearon entre ambos mandatarios.

Los motivos para esta separación se fueron dando con el tiempo, predominaban las materias económicas y energéticas, siendo  la gota que rebalsó el vaso, la supremacía que fue generando el presidente venezolano sobre América Latina. Liderazgo que le fue arrebatado a Lula.

Chávez ha promovido la integración latinoamericana más que cualquier otro presidente venezolano en los últimos años, llegando más allá de las intenciones de otros mandatarios pro-latinoamericanos. Hechos como vender petróleo a precios preferenciales han conseguido el apoyo a su gobierno en varios de los países del orbe, situación que años atrás parecía imposible.

La política “chavista” en América Latina, que incluye la creación de Petrosur, Petrocaribe, Telesur y otros, han sido indispensables para convertirlo en un personaje influyente en la región. La aceptación de Venezuela dentro del MERCOSUR como socio Pleno en el año 2006, le ha dado un empuje enorme a Chávez para su  solidez y liderazgo latino, planteando en la agenda no sólo temas comerciales sino también sociales.

Muchos analistas de todo el continente han manifestado abiertamente que Chávez es el gran líder regional, desplazando al otrora mandatario brasileño Lula Da Silva.
Este cambio de mandato regional quedó demostrado por primera vez en la edición del Foro Social Mundial (FSM) de Porto Alegre el 2005, donde el mandatario brasileño fue abucheado por los asistentes del encuentro, mientras que Chávez, días más tarde,  recibió aplausos y algarabía en su aparición. Muchos de los presentes en Porto Alegre identificaron al venezolano como el “nuevo paladín del antiimperialismo”, según BBC Mundo, no fue casual entonces que el foro del año 2006 se haya trasladado a Caracas

La relación entre ambos gobernantes se tensó aún más cuando el 1 de mayo del 2006, el presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció la estatización de los hidrocarburos de su país. Inmediatamente, los diversos medios de comunicación brasileños culparon a Hugo Chávez de incentivar la decisión del gobierno boliviano debido a que esta medida afectaba directamente a la empresa brasileña Petrobras.

Posteriormente el 9 de mayo, el canciller de Brasil, Celso Amorín, compareció ante la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional del Senado de su país, para explicar la situación del gas boliviano. Precisamente fue en esa reunión donde Amorín reveló que el presidente Lula había transmitido a Chávez el enojo de Brasil por acciones como la presencia de la empresa venezolana PDVSA en Bolivia durante los preparativos de la estatización de hidrocarburos.

Debido a las reacciones que provocó la nacionalización de hidrocarburos en Bolivia, que a corto plazo se resumieron en aumento del precio del gas y en pérdida de las reservas que tiene Petrobras en Argentina, Lula se aferró políticamente a Néstor Kirshner en una situación de dependencia. El país trasandino tiene asegurado el suministro de gas desde Bolivia, pero el precio debió aumentar. La situación de Brasil es diferente: el poderoso empresariado de Sao Paulo no está dispuesto a pagar más por el gas boliviano, mientras los accionistas de Petrobras pueden caer en sus ganancias si la empresa se ve obligada a absorber el aumento del gas. En consecuencia, el principal afectado fue Brasil, y por lo mismo, Lula ve con desagrado cómo el papel regional de Hugo Chávez se acrecienta. Debido a lo mismo muchos analistas manifiestan que Chávez se convirtió en la figura clave predominante del acontecimiento político en Bolivia”.

Chávez y Evo Morales colocaron en una situación difícil a Brasil, puesto que Lula debió optar por el perfil bajo ante Bolivia, mientras los medios de comunicación y la opinión pública brasileña acosaron al gobierno para que endurezca su posición ante Evo.

En el mes de enero, el diario Folha de São Paulo, publicó las declaraciones de Lula da Silva donde hacía referencia que Hugo Chávez “coqueteaba con el autoritarismo” y que iba a defender a Venezuela del gobierno autoritario que quería imponer Chávez.  Sin embargo, días después, Lula salió a desmentir  los crecientes rumores sobre un supuesto malestar con el radicalizado gobierno de Caracas.

La prensa brasileña reveló, que Lula había recibido con disgusto el anuncio de Chávez de que nacionalizaría varias empresas y de que buscaría la reelección indefinida. Debido a esto, Lula habría dicho en privado que los planes de Chávez podrían afectar la imagen del MERCOSUR.

Según Folha de São Paulo, aunque públicamente el gobierno brasileño hable de respeto a la soberanía venezolana, Lula dijo, en conversaciones privadas, que Chávez está rebasando los límites de la democracia y que eso le haría perder el apoyo de sectores moderados de la izquierda mundial.

Actualmente, en la “I Cumbre Energética Sudamericana” efectuada en la Isla de Margarita en Venezuela el pasado 17 de abril, se reunieron los mandatarios de Brasil, Venezuela y Bolivia, entre otros.  Mientras el asesor especial del presidente Lula, Marcos Aurelio García, aseguraba que la cooperación entre Brasil y Venezuela resulta muy fuerte y es imposible que se perjudique”, la cuestión fundamental es que hay convergencia de objetivos entre ambos países, como lo reflejan los documentos de la Cumbre. Uno es el caso del etanol.

Lula da Silva y George Bush se reunieron en un plan de convertir productos agrícolas, como el maíz y el etanol, para reemplazar hasta un 20% de los combustibles fósiles. Esto, como era de esperarse, resultó ser mirado con muy malos ojos por Chávez, quien exclamó en vísperas de la cumbre que “¡Nadie quiere sembrar frijoles sino maíz, pero no para hacer tortillas y pan (...), sino para vendérselo a Estados Unidos para que haga etanol para sus vehículos! ¡Eso es una locura!”, manifestó el mandatario venezolano.
En la Cumbre, Hugo Chávez no pudo dejar de lado el tema del etanol y se dedicó a criticar el pacto bilateral entre Brasil y  Estados Unidos. Señaló que utilizar la tierra para “cosechar” combustible en vez de comida podría provocar hambrunas. Lula no se quedó atrás e inmediatamente  manifestó que cuenta con suficiente territorio como para producir semillas oleaginosas y comida a la vez.

En público, Chávez y Lula intercambiaron sonrisas y abrazos, y junto a otros presidentes prepararon la mezcla de cemento para la piedra fundacional de una planta petroquímica brasileña-venezolana. Pero, advirtieron que discutirían sobre el etanol a puertas cerradas.

Una vez finalizado el encuentro, los ministros de energía de la región no lograron un consenso sobre la declaración final de la Cumbre, después de que los mandatarios hayan regresado a sus países. Pese a que Hugo Chávez manifestó que la Cumbre fue todo un éxito, las disputas energéticas, sobre todo con Brasil, impidieron avances, puesto que Lula no estuvo dispuesto a ceder en su apuesta por los biocombustibles.

Sin embargo, medios de comunicación brasileños dieron por sentado que Lula salió airoso de la Cumbre, ya que logró que su par venezolano bajara el tono crítico al programa brasileño de etanol, puesto que Lula defendió su programa y el acuerdo con Estados Unidos. Según se declaró posteriormente, Lula y el Ministro de Relaciones Exteriores, Celso Amorín, siguieron la política de “oídos sordos” a las críticas de Chávez.

No obstante, a pesar de la molestia con el programa del etanol, de igual manera Chávez pidió al mandatario brasileño que le venda a su país el 80% de lo que produce. El presidente de Venezuela desmintió que esté en contra de los biocombustibles e indicó que su república necesita etanol para inyectarlo a los combustibles. Tesis absolutamente contraria a lo que ha estado criticando.

La Cumbre se desarrolló medio a puertas cerradas, porque Chávez quiso presionar a Lula con lo del gas y la Refinería del Nordeste. Intentó, junto con Evo Morales, influir con declaraciones de última hora, pero Lula hizo lo que le dijo el congreso y el stablishment brasileño, es decir: “No hay nada que discutir que no me interese y dejen tranquilo mi etanol”. Por lo visto, el primer round lo ganó el brasileño.

Tras el abierto desencuentro entre Chávez y Lula, el nuevo terreno de las tensiones pareciera que se trasladará al asunto de la presencia de fuerzas militares extranjeras en Haití. Un general brasileño comanda las tropas de la ONU que se encuentran en ese país, como una demostración de la relevancia que Brasil (incluyendo al presidente Lula) le da a su papel de potencia regional con capacidad de actuación global. Tanto Cuba como Venezuela se oponen a la presencia de tropas extranjeras en Haití y ya están ejecutando un plan a propósito de ello, lo cual va en contravía de la posición brasileña.

Y la franca batalla entre Chávez y Lula por el etanol como combustibles del futuro, continúa en desarrollo. El brasileño calificó a los productores de caña destinado a este producto como héroes nacionales e internacionales”.Mientras Chávez acusa de inmoral la producción de etanol para uso como combustible, Lula ha decidido exaltar la imagen de los cañicultores, lo que le ha valido ataques de dirigentes sindicales.

Terminando la semana, un nuevo intercambio de “proyectiles” se produjo entre Brasilia y Caracas. El ministro de Comunicaciones brasileño, Hélio Costa, quien está encargado de definir un sistema de TV pública para su país, afirmó que no se trata de TV estatal como la que existiera en la URSS en tiempos del comunismo. “Estatal es la que tiene Chávez” afirmó. Caracas, en la voz de su embajador en Brasilia calificó de “insultantes” las palabras de Costa a quien acusó de hacer una “comparación descalificadora con nuestro país”.

Y en el frente energético, si bien Petrobrás sigue en sus planes de explotar petróleo en la franja del Orinoco y montar una refinería con PDVSA en Pernambuco, esta semana la empresa brasileña anunció que realiza acciones para impedir la expansión de Venezuela al mercado brasileño. Petrobras armó una alianza con el grupo petroquímico Braskem y el distribuidor de gas Ultrapar para comprar al Grupo Ipiranga por US$1.914 millones. Ipiranga controla 4.240 estaciones de servicio en Brasil, y Petrobras confesó haber comprado para impedir el acceso de PDVSA a esta red de gasolineras.

Por lo visto, las pugnas entre Lula y Chávez seguirán en la palestra informativa y en la atención de la gente hasta que se perfile indefinidamente quién es el “líder de la región”.

 

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