Populismo

¿Focos de Corrupción?
Por Evelyn Quezada A.

corrupcionAunque en el continente Latinoamericano existan países que tengan una cierta estabilidad económica y democrática el mal de la corrupción es una tentación que corroe a todos los gobiernos.

Muchas personas desconocen el verdadero significado de la corrupción, pese a que la Real Academia Española, lo define como “la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho económico o de otra índole, de sus gestores”. Incluso el sociólogo Carlos Sabino, sostiene que cuando se habla de corrupción se alude a algo que está dañado o alterado, suponiendo que perdió sus características iniciales que en el caso de los países  suponen un manejo transparente de los dineros públicos y del comportamiento de las instituciones.

Para entender este flagelo es necesario situar a América Latina como una región, donde hace 20 años se viene experimentado un período de  democratización y con eso la transparentación de las instituciones públicas. Las dictaduras militares desde mediados del siglo XX, dieron paso a gobiernos civiles elegidos por la gente y llevaron al continente a implantar el modelo  neo liberal en economía y a seguir un modelo básico de estructuración política.

Pese a esto, si se analiza los índices de corrupción a nivel mundial, Ecuador, Venezuela y Bolivia lideran el ranking latinoamericano del informe de Transparencia Internacional 2006,  resultados que se explican a partir de varios factores.

Cuando el organismo mundial  Foreing Policy  menciona a los Estados Fallidos,  se refiere a los países cuyo gobierno central tiene poco control práctico de su territorio, definición que según la organización es imprecisa, no obstante señalan, que sí tiene mucha relación al momento de caracterizar a los países con altos niveles de corrupción en su interior.

Si hablamos de características que puedan establecer la corrupción dentro de los países de América latina, podemos decir que este caso son estados donde el gobierno no tiene la capacidad de tomar decisiones garantizando el bien común o no pueden garantizar la probidad de los servicios públicos.

Por otra parte Foreign Policy sostiene que “El mal de la corrupción lleva a los países a vivir en un ambiente inseguro, con altos niveles de inestabilidad política, porque destruye la legitimidad de la democracia”.  

En Latinoamérica las dictaduras y luego las democracias que se instauraron fueron el clima perfecto para el surgimiento de este problema, ya que el intervencionismo estatal dio paso a una serie de prácticas que en su momento no fueron miradas con la agudeza necesaria.

Según el analista político de Carlos Sabino, Venezuela llegó a tener los índices de corrupción que muestra actualmente, “de  la mano del estancamiento económico de un país que no pudo realizar más que ajustes parciales y ninguna reforma realmente estructural”. La población rechazó las reformas, y con eso fueron perdiendo legitimidad los partidos políticos y las autoridades tal como lo señala Foreign Policy.
 En este clima de  anti-partidos  nace la figura de un golpista y militar de carrera como Hugo Chávez. El anhelo de un sistema político limpio y la falta de agudeza en el análisis hicieron creer que este nuevo líder, gracias a la concentración de poder que impuso podía ofrecer garantías contra la corrupción.

Como ya se expuso, la centralización del poder es una de las causas que propicia la corrupción. Es por esto que los gobiernos de Hugo Chávez y Evo Morales líderes populistas que amparan sus gobiernos en la supremacía del Estado figuran internacionalmente como países corruptos. En el caso de Bolivia, Latinobarómetro concluye  que esto se agudiza por la falta de cultura cívica que existe en la población.

En Bolivia desde una perspectiva histórica se da una suma de factores que acrecientan la corrupción como el desarrollo desigual y la mala distribución de las riquezas dentro de la nación.
 La pérdida de legitimidad del Estado, se origina  porque se considera corruptas a las instituciones, haciendo que la gente focalice sus esperanzas de cambio en caudillos o líderes que ofrezcan acabar con las desigualdades y desenmascarar a quienes se roban el dinero.
Es por este motivo que el gobierno de Evo Morales está condenado a la lucha entre  la clase dominante y los indígenas.

En el caso de Venezuela y Bolivia, las riquezas energéticas que poseen –petróleo y gas respectivamente-  ¿Serían  un salvavidas para enfrentar la corrupción? Según lo publicado por Foreing Policy, “Los politólogos han acuñado el término "petroestado" para calificar a un país que depende de los ingresos del petróleo y el gas, pero está lastrado por unas instituciones débiles, un sector público ineficaz y una enorme disparidad de poder y riqueza”.
Con esto se deduce que las riquezas de los recursos no garantizan un gobierno estable y transparente.

En el caso de Ecuador según lo que  explica Zavier Zavala, la corrupción se encuentra enraizada en la estructura nacional. Tanto en el ámbito político como económico. “La corrupción no depende del gobierno de turno sino que ya es un problema funcional porque aunque en algunos casos  se haya llegado hasta los tribunales no se ha logrado solucionar el fondo del problema. La falta de separación de las funciones y el poco control sobre las instituciones contribuye a la politización de la administración”.

Sin embargo hay que dejar claro que pese a  los estudios y encuestas que se realicen es muy difícil establecer a ciencia cierta  los niveles de corrupción dentro de los países. Los medios de comunicación y la agenda informativa que imponen, ayudan en gran parte a mostrar los problemas de probidad que existen al interior de los gobiernos. No obstante, también la historia de los países resulta fundamental al momento de medir si ha aumentado la corrupción.

La importancia que actualmente tienen  los informes sobre aspectos como  la transparencia en los gobiernos, se debe a que en general la sociedad  está despertando, dejando atrás la postura pasiva que tenía.
La conciencia democrática y la nueva visión sobre el rol del Estado que tienen los ciudadanos, hacen que exijan mayor rectitud y eficacia a quienes les designan el poder.
Es por esto que los gobiernos corruptos de Latinoamérica, más allá del populismo que quieran imponer como forma de gobierno, no tienen futuro si el centralismo del Estado va a ser siempre protector de los vicios políticos.                      

Por ende, estar dentro del ranking internacional de los países más corruptos, condiciona a  las naciones poderosas a que vean en ellos una amenaza para el equilibrio mundial.


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