
La inestabilidad social suele ser una característica bien arraigada del pueblo boliviano. Desde que los primeros españoles comenzaron con la colonización de sus tierras, en ese entonces pertenecientes a “El Alto Perú”, las cruzadas de violencia entre indígenas y conquistadores se hicieron parte natural de este nuevo país que fue bautizado con el nombre de Bolivia, en honor a Simón Bolivar.
No obstante, las luchas internas fueron cambiando en la medida que lo hacía también la sociedad en la corta y agitada tradición independiente del país.
Y parte esencial de la historia de Bolivia, que se emancipó definitivamente de la corona española hace ya 182 años, tiene que ver fundamentalmente con los conflictos políticos internos.
Claro está, no podemos prejuzgar que las inestabilidades políticas sólo han ocurrido en Bolivia, debido a que, como es de esperar, también se han producido en el resto del mundo y en nuestro continente en particular. La transformación de las sociedades en regímenes “patriarcales”, “localistas”, “populistas”, “nacional-populistas”, “popular-fascistas” y “militar-progresistas”, como lo señala la página Voltairenet, es la tónica de los conflictos por el poder.
Sin embargo, centrándonos en la nación altiplánica, a su haber, podemos observar que se han contabilizado cerca de 189 golpes militares, todos ellos llevados a cabo a través de golpes de Estado, guerras civiles y revoluciones.
De hecho, según datos que entrega el sitio web mencionado, “El país donde se registraron más golpes de estado en el siglo XX es Bolivia, con 56”.
Un número bastante elevado, si consideramos que en Chile sólo hubo nueve y en Argentina ocho.
Respecto a lo anterior, cabe preguntarse el porqué de los conflictos en una de las naciones más ricas del mundo en cuanto a recursos naturales; “Bolivia, de hecho, tiene certificados más de 60 trillones de pies cúbicos en reservas de gas natural”1, lo que podría, sin duda alguna, dejar al país en una envidiable posición dentro del continente.
Teniendo los recursos necesarios para saltar al anhelado desarrollo, Bolivia se empobrece cada día y la larga tradición de golpes de estado la hace poco confiable a los ojos de los inversionistas y de sus vecinos más próximos.
La respuesta podría recaer en las marcadas diferencias (sociales, económicas y culturales) que conviven en un mismo lugar, además de los focos de corrupción reinantes en la clase dirigente debido, entre otras cosas, al evidente analfabetismo de la ciudadanía.
El país altiplanico, tiene 12 partidos políticos, que intentan dar estabilidad. No obstante, ésta es posible no con la gran cantidad de grupos que enfrasquen el poder para sí mismos, sino con la participación ciudadana en la toma de decisiones.
Ello se puede llevar a cabo a través de la alfabetización. El sitio de Internet Los Tiempos, entrega una importante cifra: el 13,3% de la población -alrededor de 1.100.000 de un total de 8.274.325- no sabe leer ni escribir.
A pesar de los esfuerzos, sigue siendo altísimo el nivel de analfabetismo; lo que provoca desestabilización y desigualdad social, y, de cierta manera, política. Lo que claramente se ha visto a lo largo de la historia.
En lo único que han contribuido la gran cantidad de golpes de estado que ha sufrido Bolivia, es en enrostrar de manera grotesca las diferencias existentes al interior de dicha nación.
Por lo pronto, para hacernos una idea, desde 1930 en adelante el país no paró de tener conflictos políticos de esta índole; es decir, guerras civiles y levantamientos militares. De hecho, al igual que en el resto de Sudamérica, la década de los ´80 fue el período donde los gobiernos militares tuvieron el poder total por última vez, para dar paso a la transición democrática que vive actualmente el país, a pesar de las intrínsecas diferencias.
El ascenso de Evo Morales al poder, un ex dirigente cocalero autoproclamado el “primer presidente indígena”, demuestra lo importante que es la inclusión para mantener la estabilidad al interior de las sociedades.
No hay que obviar, además, la cuantiosa ayuda venezolana, que por medio de las ganancias del petróleo, hace a la nación andina. Hasta el momento, el refuerzo económico que realiza Chávez y la preocupación social fuertemente arraigada en este gobierno -que apenas lleva un año de mandato- ha servido para conservar la Paz… Tanto social, como donde se concentra el poder político.
Los humanos aprendemos a golpes. Los países no deberían hacer lo mismo.
1 Pérez Yoma, Edmundo. Una Misión, Las Trampas de la Relación Chileno-Boliviana. pp. 46. Chile 2004