Actualmente nos encontramos frente a una realidad que ha sido materia de Estado de todos aquellos gobiernos que han luchado por erradicar el hambre. Sin embargo, las cifras existentes siguen siendo alarmantes; El hambre tiene nombre y se llama Pobreza.
Según la Organización de las Naciones Unidas para La Agricultura y La Alimentación (FAO) a diario, mueren cien mil personas, en donde 30 mil de ellas corresponde a niños que no alcanzan los cinco años de edad, sin ir más lejos, 842 millones de habitantes se encuentran en situación de desnutrición crónica.
En enero de 2003, el Presidente de Brasil Luiz Inacio Lula Da Silva impulsa el proyecto Hambre Cero, el que consiste en reducir para el año 2015 el hambre de la mitad de su población y a corto plazo, brindar a uno y cada uno de sus habitantes la posibilidad de comer tres veces al día. Como lo anunció ante el congreso el 28 de octubre de 2002: “Si al final de mi mandato cada brasileño se puede alimentar tres veces al día, habré cumplido la misión de mi vida”
Una inmensa y dificultosa tarea si se toma en cuenta que en este país de aproximadamente, 180 millones de habitantes, una cuarta parte se encuentra por debajo del índice de la pobreza, en donde la ayuda de emergencia debiera responder de manera inmediata a 11 millones de familias. Sin embargo, este es un sueño que en las manos de Da Silva, debe hacerse realidad. Para que nunca más un niño sea víctima de la miseria que él mismo experimentó. Y que jamás un niño vuelva a vivir la experiencia de ver como cómo cuatro de sus once hermanos mueran en manos del hambre.
¿Podrá Lula llegar a cada hambriento de uno de los países más grandes del mundo?
Una incógnita cruda y a la vez realista, pero que intenta responder realmente de qué manera Brasil puede batallar ante uno de los peores males de todos los tiempos.
En una editorial de la revista Hispanidad que lleva el título “Que se mueran los gordos y los viejos”. El editor hace referencia a la errada solución que planteaba para combatir el hambre, el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan. La que consistía en eliminar el mayor número posible de hambrientos, antes de que estos nacieran, mediante el método abortivo. Algo muy incierto, que frente a la realidad que el autor explica, un bebe consume poquísimo y un neonato aún menos, por lo que de eliminar a alguien, la ONU debiera preocuparse de los adultos que consumen mucho más y con mayor razón de los “viejos” que consumen y no producen.
Por lo manifestado, este debate sólo se limita a dar respuesta absurda sobre una proposición irracional, ya que el problema no es precisamente la precariedad de alimentos y tampoco el exceso de la población, sino la falta de justicia, de la desigualdad social, de la desarticulada distribución de la riqueza.
Brasil, más allá de haber sido cinco veces campeón mundial de fútbol y uno de los mayores productores de alimentos , es sin lugar a duda, campeón universal de desigualdad social, en donde el 2% de la riqueza se encuentra en el 10% de la población y el 10% más pobre comparte el 0.9%.
El programa Hambre Cero ha sido protagonista de un sinnúmero de críticas como que sólo busca alimentar a los hambrientos sin mejorar sus condiciones de vida, un plan asistencialista. Ante esto, el mismísimo coordinador Frei Betto lo defiende, explicando que: “Habíamos trabajado tres o cuatro meses en su concepción metodológica para no hacer de él una política pública asistencialista. El punto nodal era: no hay que hacer asistencialismo. Hay que ejecutar una política pública de inserción social, de modo que la gente beneficiada pueda caminar de la exclusión hacia la inclusión social. Nuestra primera decisión fue: aquí no se va a hacer una maratón de distribución de comida”
Por lo mismo, Hambre Cero llama a la organización Social, en donde la sociedad civil asume cargos para el funcionamiento de este plan. Creando diversos programas para salir de la miseria, entre ellos, reforma agraria, capacitación laboral, agricultura familiar y por sobre todo cooperación.
El beneficiado y permanente colaborador de recibe una renta de 25 dólares (cerca de 13 mil pesos chilenos) mediante una tarjeta ciudadana que le permite retirar directamente, la plata del banco. Para esto, las familias deben comprometerse con cumplir tres exigencias básicas. Entre ellas, ningún integrante de la familia debe ser analfabeto, por lo que existen cursos de alfabetización, lo segundo es que todos los niños igual o menor de 15 años deben asistir a la escuela, y por último, deben seguir un programa de salud.
¿Se podría acusar a Lula de realizar un programa asistencialista, cuando es la misma sociedad civil la empeñada en surgir mediante esta ayuda?
Ahondando mucho más en la crítica, ¿Cuando el Estado forma canastas básicas, podríamos hablar de asistencialismo, si en vez de comprar alimentos en el comercio normal, acude a la agricultura familiar, Y si consideramos que uno de los mayores índices de mortalidad en los menores se debe al consumo de aguas contaminadas, es el mismo gobierno el que realiza una capacitación acerca de cómo tratarlas y sanearlas?
Al parecer, el tema no es el asistencialismo sino los resultados y como resultados más próximos, en cuanto al objetivo principal, que es reducir las muertes y la desnutrición por el problema del hambre. Algunos de los municipios que implementaron este programa , principalmente en la zona más vulnerable del país cómo lo es el Noroeste brasileño, a diciembre de 2002 de cada mil niños nacidos vivos, 51 de ellos moría producto de este mal y que en junio de 2004 la mortalidad se redujo a cero.
Actualmente diversos países han integrado este plan dentro de sus prioridades, en donde, además han surgido nuevos programas como lo es la iniciativa del mismo Presidente de Brasil y Oscar Berger Presidente de Guatemala conocido como América Latina y el Caribe sin Hambre 2025 (ALCSH) Lo que es señal de que el ideal de Lula va por buen camino. (ver recuadro)
De todas formas, creer que la pobreza se terminará, es algo muy incierto. Sin embargo, ayudar a erradicar la miseria y saciar el hambre de la humanidad, se puede lograr. Pero para eso se necesita el compromiso colectivo de todas aquellas organizaciones, gobiernos, instituciones y personas que recuerden que el hambre no conoce de largos plazos.
Se precisa de una sinergia general, inmediata, que sea capaz de dejar las críticas a un lado y que empiece a concentrarse en pensamientos o políticas que aporten a este tipo de programas. Para que de esta manera, la idea de un Brasil sin hambre, deje de ser algo más que un bonito sueño.
ALCSH
América Latina y Caribe Sin Hambre 2025 es una iniciativa impulsada por los Presidentes de los países de Brasil y Guatemala en conjunto con la FAO, cuyo objetivo aspira a erradicar tanto a nivel local, como nacional y regional, la desnutrición crónica. Algo así, como Hambre Cero a mayor escala. América Latina y el Caribe son parte de una región importante en la producción de alimentos a nivel mundial, experimentando en la actualidad, un crecimiento económico constante.
Pero igual que en Hambre Cero, el problema no corresponde a la falta de alimentos, ni de recursos, sino a la manera en que estos se distribuyen.
Entre sus finalidades, el plan busca lograr una sensibilización al problema del hambre en toda la Región, de tal manera que se logre considerar el Derecho a la Alimentación, como un derecho fundamental del hombre. Más aún si se toma en cuenta que la falta de alimento puede provocar muertes, y de esta forma, verse vulnerado el primer derecho fundamental: El Derecho a la vida. Entre los elementos que contempla la iniciativa América Latina y Caribe Sin Hambre 2025, está en primer lugar, el fortalecimiento de la institucionalidad de Seguridad Alimentaria en cada país, es decir, que el problema del hambre pase a formar parte de las prioridades de los gobiernos para desarrollar de forma estable planes de Seguridad Alimentaria Nacional. Segundo, mantener una red de intercambio de conocimientos, cultura, estructura social, idiomas y experiencias tanto a nivel regional como mundial. En tercer lugar, apelar a la conciencia colectiva de toda la región para que reflexione sobre la problemática del hambre y finalmente, enmarcar esta idea en base a otros ejemplos que ya han tenido resultados, como hambre Cero, además de establecer redes iberoamericanas y un marco político regional. |