El PT pronto llegaría a la cúspide, lo que se produjo con mucho esfuerzo en el año 2002. La ciudadanía castigó duramente al antiguo mandatario, Fernando Cardoso, quien –según los especialistas– fue considerado como uno de los peores gobiernos en la historia. Un buen punto para que Brasil no le diera una segunda oportunidad a la derecha, dando paso a la esperanza de mejores condiciones de vida con un imponente 61,4% al representante de izquierda, un tal Luiz Ignacio “Lula” da Silva.
52 millones de votos se dirigieron hacia él, sufragios que en un 80% se pensaba que venían de la población más humilde del país brasileño. Una enorme votación que veía en el nuevo líder una posibilidad latente de buena distribución de las riquezas, de las tierras, nuevos trabajos y mejoras sociales.
Sin embargo, una vez iniciado el gobierno izquierdista de “Lula” Da Silva comenzaron a suscitarse algunos cambios en su gobierno, incluso desde su propio partido se venía dando desde hace bastante tiempo. El PT estaba un poco alejado de lo que en su momento era su más fiel característica: un alto grado de movimientos sociales. Fue eso mismo lo que le permitió aumentar su popularidad en el país carioca.
Pero en el último tiempo la tortilla se dio vuelta quizás más de una vez. Fue tal el impacto que causó el naciente partido, que rápidamente comenzó a aumentar su número de afiliados. Siguió y siguió haciendo sus pinos electoralmente, pero abocándose a dirigir sus dardos hacia las distintas elecciones, tomando como patrón el formar alianzas con partidos más conservadores, por sobre las manifestaciones sociales tan características en sus inicios.
No quiere decir que abandonó por completo las protestas, sino que ahora lo hacían por los conductos regulares. Con esto, estaba claro que el Partido de Los Trabajadores estaba transformándose en uno más diverso, con alas de izquierda, centro y derecha, que ya no se dedicaban por igual a la organización de las masas, pero sí cuando había que aunar fuerzas en las elecciones.
A mediados de los `90, se fue dando la desaparición de los activistas, siendo reemplazados por miembros profesionales. Esto último quizás por el giro que estaba tomando el PT, es decir, la búsqueda de puestos oficiales, y el coqueteo con grupos económicos, además de negociar con partidos de centro izquierda y centro derecha. Algo impensado hace unos de 10 años.
Los Trabalhadores ya no eran los mismos. Tres cuartos del conglomerado eran miembros de la clase media, con algunos titubeos sindicalistas del Movimiento de los Sin Tierra (MST). Quizás había que cambiarle el nombre a este partido, porque ya había dejado de ser presencia para los obreros brasileños.
De trabajadores, pasamos a tornar habitual hablar de representantes elegidos por alianzas con otros partidos, especialmente de derecha y grupos económicos, razón que posibilitó el que vencieran con “Lula” en las presidenciales del 2002. No serán el conglomerado de fines de los `70, pero resultaron ser bastantes duchos en materia de estrategia electoral.
De hecho, muchos de los actuales consejeros del Presidente del Pais Mais Grande du mundo tienen fuertes tendencias neoliberales, quitando la oleada socialista y antiimperialista característica. Eso para adentro, ya que en las elecciones del 2006, un inquieto Presidente “Lula” llamaba a los ciudadanos nuevamente a tomarse las calles, ante la arremetida de Geraldo Alckmin y la ex militante de PT, Heloisa Helena, quien fue expulsada por considerada muy radical para el partido. Heloisa, en su momento, acusó al actual Presidente de traicionar la confianza de los brasileños, utilizando la misma práctica de los gobiernos anteriores, que es la privatización del poder. “Una montaña de maldades ”, decía en aquel entonces la candidata del Partido Socialismo y Libertad.
No por nada muchos especialistas creen que esto terminó por catapultar el sello que tenía este partido. El sociólogo James Petras, en una entrevista concedida al portal Rebelión, cree que “ya no tiene nada de popular, y que el 75% de los delegados eran abogados, profesionales, funcionarios, empresarios… ”. Además, la propia campaña de “Lula” había sido financiada por grandes empresarios. “No es simplemente la estructura de poder, los cambios organizativos, los giros. Son acuerdos concretos ”, acusaba Petras.
Al parecer, el Partido de los Trabajadores decidió seleccionar su veneno, apuntando con altura de miras el futuro. Quizás vio que en las alianzas y ser algo difuso en términos ideológicos es mejor que ser consecuente con sus ideales y con quienes te apoyaron alguna vez. O, en una de esas, tomó una página del libro de los últimos gobiernos socialistas de Chile, en donde los empresarios están más que satisfechos con cómo se han ido dando las cosas. Con Transantiago, autopistas y cárceles concesionadas. Sin duda, el paraíso para ellos.