Un primer paso
Por Camila Vásquez Vidal
Como una alternativa viable hacia la erradicación del hambre y la pobreza en el mundo, se dio a conocer a través de un reporte, los distintos mecanismos de financiamiento que permitan llegar a este objetivo.
En el Informe del Grupo de Trabajo Técnico sobre Mecanismos Innovadores para Financiar la Lucha contra el hambre y la Pobreza, se expone una panorámica de las iniciativas propuestas para fomentar este fin. Dentro de las alternativas presentadas, se obviaron las que atentaran con el real objetivo de la propuesta. Aquellas que estuviesen orientadas a regular los mercados, no fueron consideradas.
Por esta misma razón, el grupo tuvo la misión de elegir cuál de los mecanismos quedaba. Entre uno de ellos, calificado como prometedor y viable, se presenta la iniciativa del Presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, titulado: Imposición sobre el comercio de armas.
Sin embargo, esta idea no es una novedad. La falta de regulación en el comercio de las armas y sus capitales, se ha conversado desde hace varios años en los análisis que se han realizado frente a este tema.
Uno de los primeros intentos de fomentar el impuesto a las armas, fue el postulado por el movimiento internacional, organizado desde Francia por el Mundo Diplomático. La Asociación por la Tasación y por la Ayuda a los ciudadanos ATTAC, es un movimiento internacional que promueve el control democrático de los mercados financieros que circulan por el mundo y no pagan impuestos, además de las instituciones encargadas de su control.
El 30 de enero de 2003, Lula presentaba su polémica propuesta al secretario general de la ONU, proyectando su entusiasmo y preocupación sobre un problema que afecta indistintamente al mundo. Una llamada de atención a cada uno de los ojos que se estaban posando en la afanada guerra contra el terrorismo que implantó Estados Unidos.
Su principal objetivo se basa en la utilización de los recursos provenientes de defensa para fines sociales, argumentando que en el último tiempo el gasto militar mundial ha aumentando considerablemente. Según el Informe del año 2004 del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) “la suma del gasto militar de los países de renta alta fue superior al total de la deuda externa de todos los países de renta baja y 10 veces superior a la suma de sus niveles ayuda oficial al desarrollo (AOD) en 2001”.
La creación de un impuesto a las armas facilitaría la recaudación de dinero para combatir la pobreza, además de un interesante punto, la disminución de la demanda de armas por parte de los países en desarrollo.
Subir el precio de las armas, provocaría el comienzo de debates que se dirijan a la discusión sobre el reparto del gasto público, para que de esta forma, se convierta en un punto primordial lo social, no como actualmente, donde más importa la defensoría nacional.
Dentro de sus propuestas, se baraja la idea de que los ocho países más desarrollados del mundo, comiencen un dialogo que permita ampliar esta alternativa, para así asegurar la inexistencia de guerras y enfrentamientos armados.
Por supuesto que desde Francia, la idea del brasileño, tuvo la aprobación de Jaques Chirac, en ese momento Presidente de Francia. Gracias a esta unión se crea un grupo de trabajo para estudiar la implementación del impuesto.
La gran propuesta de Da Silva, también encontró acogida en los presidentes de Chile, España y en el entonces actual secretario general de naciones unidas, Koffi Annan. Esta agrupación fue llamada el Quinteto contra el Hambre, hermanado para examinar nuevas acciones internacionales para exterminar la pobreza y el hambre.
Desde el mismo 2004, comenzaron a investigar nuevos mecanismos para realizar acciones concretas, lo que concluyó finalmente en una unión más grande, denominada GT-7, con la inclusión de Alemania, Argelia y Sudáfrica.
La inofensiva propuesta de Lula, demostraba que la lucha mundial iba más allá de atacar al terrorismo, aspecto que nació del gobierno estadounidense, cuando el atentado que acabó con las torres gemelas en 2001, sembró el miedo y llamó a la protección nacional. Este hecho, se convirtió en parte central de la política externa e interna del Presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
Es por esta misma razón que Bush se opone rotundamente al mecanismo brasileño. Y tal es su nivel de reprobación, que no esperó demostrar sus intenciones. El no asistir a la cumbre realizada en Nueva York en el 2003, dejaba clarísimo que Estados Unidos no quería absolutamente nada con la propuesta de su par brasileño.
Tal reunión, organizada por el mismo Lula, en la sede de Naciones Unidas de ese país, trataría los temas del grupo de trabajo, especialmente el de las armas.
Por su parte, Hugo Chávez, quien con sus ganas de ser un misionero para una América más justa, decidió en ese mismo momento que, es de gran importancia para Venezuela estar en la misma línea de acción del proyecto bolivariano y revolucionario encabezado por él
Ambos siguen decir la misma línea, luchar por un único fin y hacia un mismo resultado, que sus pueblos superen el hambre y la pobreza. Medidas tan complejas, que aún hoy, Brasil y Venezuela siguen esperando.
No es novedad que Lula, desde su ascenso en el 2003, haga promesas, intentando resguardar, proteger y hacer surgir a su pueblo, sin obtener mayores resultados, ¿será que su gran propuesta de “hambre cero” sea un gran debate sin más que una adhesión, reuniones y aplausos de sus pares fronterizos?
Sus ojos miran por sobre todas aquellas barreras que puedan existir. Si no fuera de este modo, no creería en la magnífica recaudación que se acerca a los 50 mil millones de dólares anuales, aunque si fuera por eso, los millones de dólares que transitan por los comercios y transacciones de armas e inversiones, superan notablemente tales cifras.
Entonces, con tan magna idea, sería muy fácil contar con cada peso para saciar el hambre y la pobreza del mundo, pero el problema es otro. La visión de Lula puede convertirse en una buena solución de aspecto social, pero la justicia mundial que desea, se forma desde el mismo capitalismo. Lula no se está preocupando de resolver directamente la pobreza, el fondo y la estructura no han sido tocados.
El proyecto de Lula no tiene recursos, no ha obtenido resultados, no marcha como debiera. De hecho, el grupo de los GT7, reconoce que el hambre y la pobreza no serán erradicadas si no se llega realmente a su causa.
Se debe atacar los problemas estructurales, aumentar los recursos para la educación, salud, higiene e infraestructura a largo plazo.
Actualmente, los países que se unieron desde un comienzo con esta idea, continúan siendo parte importante de esta lucha. Es por esto, que hasta la misma Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, en una reunión celebrada este año en nuestro país, argumentó que el cumplimiento de las ideas del grupo de trabajo avanzan, pero más lento del ideal. “La conformación de este grupo técnico permite mantener el optimismo. Se buscará un impulso a la cooperación internacional y el fortalecimiento de las instituciones multilaterales”.
Además agregó que se va a seguir generando pequeñas tasas operacionales voluminosas como cambios de moneda y ventas de armas.
Ahora son precisamente los países desarrollados quienes deben apostar por una reestructuración social que pase por la erradicación final del hambre, que América latina baje sus abismantes índices de pobreza, que el G8 actúe, que todo sea como está previsto.
Pero para eso, se les debe ofrecer algo mejor a los que se quiere convencer, una alternativa que no afecte sus economías y que su afán de crecimiento no se vea disminuido.
La idea de Lula es interesante, pero hasta ahora sólo en la teoría, porque ni siquiera se ha llegado a la practica. Los países comprometidos, sólo se reúnen y observan cómo se resuelve el grave problema. El banco Mundial y de las naciones Unidas indican un déficit de financiamiento en el mundo de por lo menos $US 50 mil millones por año. Mantenido el actual ritmo, las metas de desarrollo no serán alcanzadas en el plazo previsto en muchos países en desarrollo, como se menciona en el sitio web de la Embajada de Brasil.
Aún así continúa el apoyo, una clásica forma de sustentar la alternativa que planteó hace ya varios años el Presidente de Brasil. Pero él, ya tomó el primer paso, sólo falta que lo sigan, o por lo menos que los países lo intenten, pero que no se queden sólo en intenciones, si no en actos, que hasta el momento nadie ha logrado ver.