Colombia se reconoce como el principal país traficante de coca. Su influencia comercial sobrepasa toda barrera internacional Los efectos económicos, políticos y sociales de este mercado ilegítimo, han demostrado su supremacía dentro y fuera del país, tanto así que ha sido imposible combatirlos y destruir su imperio. El poder monetario, la corrupción, el crimen organizado y la violencia son las armas presentes para mantenerse en pie, y aunque muchos han intentado derrocar el tráfico, aun nadie lo ha logrado.
Soberanía de la droga.
Los llamados carteles de droga han logrado infundirse en la política del país. Las extraordinarias entradas económicas de este negocio, son una gran fuente de ingreso para Colombia. Es un hecho que una parte considerable de la economía colombiana, guarda directa relación con los ingresos del narcotráfico. Eduardo Sarmientos, economista colombiano estima que “en los años ochenta la participación de Colombia, en el tráfico mundial de cocaína fluctuó de 1500 a 4000 millones de dólares anuales, de los cuales 1300 ingresaron al país” La clandestinidad de este negocio impide el análisis riguroso de los efectos monetarios en la sociedad, pero las altas tasas de inversión principalmente, de Estados Unidos y Europa, permiten que el narcotráfico goce de un notable y elevado poder financiero. En general, se califica como la agrupación ilegítima más exitosa en todo el mundo. Se estima que los carteles de droga están aliados con bancos que les permiten facilitar el lavado de dinero.
Paradójicamente, los Carteles Colombianos han invertido en escuelas, proyectos de vialidad, vivienda etc. Sin dejar de lado que ha sido un factor importante para disminuir el desempleo, ya que en su proceso de producción y distribución se necesita del trabajo de un número indeterminado de personas, en áreas como cultivo, elaboración y traslado, tanto a Colombia como a los países demandantes. En rigor lo que se desminuye es la desactividad, para quienes trabajan en las redes de tráfico, ya que están insertos en una actividad oscura y el riesgo de sus vidas no tiene precio. A pesar de no poder dar una cifra exacta de individuos, es evidente que patrocina a una colosal cantidad de colombianos.
Es un verdadero mito que quienes faenan en esta área son personas de escasos recursos, pues diferentes clases sociales están inmersas en este ejercicio.
“El cultivo de la hoja de coca y de la amapola en miles de hectáreas de Bolivia, Perú y Colombia; el traslado de materia prima a cientos de laboratorios en el país y en el extranjero para su transformación: el envió de la droga para todos los medios rutas imaginables hasta los mercados de consumo, principalmente Estados Unidos y Europa; la distribución a diferentes mercados, etc, son procedimientos que necesitan “trabajadores” de todo tipo de personas que no necesariamente son sólo campesinos”
Un estudio realizado por Sarmiento y Moreno, en 1990, arrojo que “a fines de 1988 los narcotraficantes poseían el 4,3% de las tierras productivas. La intervención de la economía de la droga en el negocio de las tierras repercutió en la forma de adquisición de ésta, ya que aumentó la propiedad (75% en 1960 y 88% en 1988), y se redujo el arrendamiento. (9% al 3,2%)” .El fomento de la narcomilitarización del campo mediante franquicias implementada por las ultraderechistas AUC. Poco a poco los comerciantes de la droga se comenzaron a convertir en grandes latifundistas
El ingente poder monetario de los negocios del narcotráfico, entrega la perspectiva de un emergente poder, que a pesar de ser ilegal supera a cualquier poder establecido reglamentariamente. Esto causa un temor inevitable a un futuro dominio absoluto, en donde los derechos humanos se vean absolutamente dañados.
Su influencia se demuestra también con el uso de cuadrillas paramilitares para imponer sus propias leyes, transgrediendo los derechos humanos, alterando el estado y la estabilidad del sistema democrático colombiano. A los paramilitares, que operan ligados a las fuerzas armadas, se les imputan la mayoría de los homicidios, desapariciones y materias de tortura. La presencia de diferentes representantes de la violencia, es en general, un riesgo para el gobierno.
La violencia asociada a la droga ha pasado por niveles extremos. Miles de víctimas por culpa del dinero fácil, muertes por tiroteos y sobredosis. Millones de personas inocentes han muerto en manos de estos empresarios, sólo por convertirse en amenazas para el negocio. Los secuestros vivieron tiempos de gloria, donde quienes tuvieran mucha información pasaban a ser parte de una lista de futuras víctimas.
El dominio del tráfico y adicción a las drogas es cada vez más alto, afectando sobre todo a la juventud y a los niños en edad escolar. Estos además de ser un blanco fácil para transformarse en consumidores, muchas veces forman parte también de este ilícito mundo convirtiéndose en arriesgados vendedores de pasta básica (conocida en Chile como “Pasta Base”), pitos (marihuana) o bazucos (mezcla de cocaína con polvo de ladrillo y gasolina) y dosis de heroína. La tentación por el dinero fácil se podría calificar como el primer paso, para que las vidas de los comerciantes de droga se trasformen en una ruleta de la suerte.
En Colombia, familias completas, salen de sus casa sin saber si volverán. La existencia de capos de la mafia, los secuestros y las matanzas para proteger el negocio, no fue una invención de García Márquez, para darle vida a su libro “Noticias de un Secuestro”. La realidad es agobiante. Paradójicamente, el contexto histórico del país habla de una disminución de las ya mencionadas matanzas y secuestros Los estudios hablan que durante la administración de Uribe, el tráfico se ha disminuido, lo que no quiere decir que haya acabado. La incertidumbre se respira en el ambiente, y los involucrados en el negocio siguen luchando por sobrevivir. Siguen siendo un gran poder dentro de Colombia, siguen siendo “el sueño del narco” y mejores referentes para quienes en otros países lucran con el narcotráfico.
Esfuerzos de destrucción
A partir de los años 70, con el nacimiento del narcotráfico colombiano, se inició un enfrentamiento contra esta actividad, por el gran nivel de consumo y una considerable cantidad de países interesados en adquirir su valorado producto. Ha sido imposible derrocarlo, pero han podido controlarlo.
Los norteamericanos encabezan la lista de consumidores de estupefacientes y el gobierno estadounidense considera que hay que terminar con la oferta entregada por Colombia, para evitar consecuencias graves. Los productores defienden su postura argumentando que sólo están respondiendo a la demanda.
“Mientras que para Estados Unidos el problema es el narcotráfico, para Colombia lo es la narcoviolencia o narcoterrorismo, es decir, la capacidad de los narcotraficantes de imponer por las armas sus puntos de vista tanto en sus relaciones internas como frente al Estado y a los movimientos populares”.
En este aspecto, el narcoterrorismo ha disminuido considerablemente, a favor del gobierno colombiano, pero en el “país del tío Sam”, los deseos de terminar con el narcotráfico persisten.
Las políticas, anteriores a a la administración de Uribe, para combatir este flagelo son cuestionadas por la analista política Marítza Gonzáles debido a que “el país recibe dinero con las redes de narcotráfico, y a pesar de que se estima, que el 60% de las ganancias se invierten en más droga, el lavado de dinero ha beneficiado la economía del lugar”.
Álvaro Uribe en una entrevista para la BBC realizada por el periodista, Luis Fernando Restrepo. Afirmó que su gobierno está ganando la lucha contra el narcotráfico y que no siente que los mandatarios de los países de la región lo discriminen por su singular alianza con Estados Unidos, debido al apoyo por parte de Colombia a la invasión de Irak en el 2003.
Aseveró que las hectáreas de coca se han reducido en un 80%, que la amapola está prácticamente extinguida y que el número de personas extraditadas a países como Estados Unidos, por crímenes relacionados con la droga le ganan la batalla a los grupos terroristas que se financian con el negocio ilícito. Garantizando además que los grandes narcotraficantes están encarcelados o viviendo en clandestinidad. Sobre esté punto difiere Marítza Gonzáles, “Las inversiones por parte del sector narcotraficante de Estados Unidos y Colombia siguen siendo muy altas en coca y amapola, puedo afirmar que el intercambio es de una forma más discreta o ceñida, pero no han cambiado. Se reconoce un número más alto de extradición y de penalización, pero hablar de una extinción es algo muy extremo para un poder tan grande como el narcotráfico colombiano”.
Es evidente, que el gobernador de un país siempre alabará sus logros e intentará tranquilizar a la sociedad pero la casi aseveración del control del narcotráfico es muy ambiguo aún.
Estados Unidos por su parte le entrega millonarias cifras de dinero a Colombia para cooperar con el llamado Plan Colombia y combatir los flagelos de la droga, a través de la quema de hectáreas principalmente, y ser el principal país receptor de extradiciones provenientes de Colombia, además de establecer una relación visiblemente fraternal, postura que no ha sido muy bien acogida por los representantes de los países de la región. Tal parece que los millones de dólares que gasta Estados Unidos en las fumigaciones de la selva colombiana, sólo sirven para despoblar de maleza los cultivos de los barones de la droga, esta es la apreciación del periodista estadounidense Joshua Davis.
Al referirse al tema de su relación con los demás presidentes sostuvo, que él vela por la democracia y los elementos fundamentales para ésta, “son la seguridad democrática, libertades, cohesión social, transparencia y el respeto e las instituciones independientes, que aparecen para integrar el estado de orden y ley”.
La gran unión de Colombia al país gobernado por Bush, hace que los presidentes de los países, vecinos lo consideren el único presidente de derecha de la zona, a lo que enfrentó diciendo “No le daré ninguna respuesta sobre mis vecinos. Cada aspecto que tenga que hablar con ellos, lo hablaré con ellos cara a cara”.
La política de Uribe no se ha visto exenta de polémica. Esto debido a que se le vinculó con tener nexos con grupos paramilitares y con el narcotráfico.
La revista Newsweek publicó un reportaje donde se hablaba de un documento construido por la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) de los Estados Unidos en 1991, relaciona al presidente de Colombia, Álvaro Uribe como el Nº 82 en un listado de asociados del Cartel de Medellín: "Álvaro Uribe político colombiano y senador dedicado a la colaboración con el cartel de Medellín en los altos niveles del gobierno. Uribe se vinculó a un negocio involucrado en las actividades de los narcóticos en los Estados Unidos.... Uribe ha trabajado para el cartel de Medellín y ha sido un amigo íntimo de Pablo Escobar Gaviria".[
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Esto se convirtió en tierra fértil para cuestionar las verdaderas intenciones del mandatario y para que la amistad con Estados Unidos se debilitara El ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, al conocer el contenido de estos documentos se negó a compartir escenario con el presidente del país cafetero.
Uribe enfrentó estas acusaciones ofreciendo conferencias de prensa tanto en Miami como en Bogotá, y afirmó que nada destruirá la unión que a logrado con EEUU. Su gobierno le brindó el apoyo completo, afirmando que su lucha ha sido por la institucionalidad, y que ha combatido por derribar a los que atenten contra la estabilidad que ha logrado el país.
Nadie pone en duda, los esfuerzos por Uribe para combatir el narcotráfico y por sacar al país adelante, con un ingreso económico limpio.
Ha disminuido la plantación de drogas, las extradiciones a quienes se califican como un peligro para la sociedad, y ha demostrado que no le importa que los presidentes de países más cercanos lo califiquen como un mandatario de derecha por sus alianzas con el país americano para lograr la estabilidad. Pero surge la duda de qué tan limpias están sus manos, y hasta que punto quiere eliminar el narcotráfico si aún los ingresos de esta negociación son altos.
El narcotráfico es una organización poderosa, no permitirá que se les elimine como una plaga. La inmortalidad de la llamada Bolivia negra es mucho más potente, que tener como enemigo al país más poderoso del mundo.
Plan Colombia.
Con el apoyo del congreso de estados Unidos se creo una campaña denominada Plan Colombia, donde se incentivo la fumigación de hectáreas que contaran con plantación de droga para reducir el ingreso de los narcotraficantes, considerados como terroristas, en Colombia, Estados Unidos y la Unión Europea. El Plan fue inicialmente concebido en 1999 por las administraciones del presidente colombiano Andrés Pastrana Arango y estadounidense Bill Clinton, se ha intensificado con los actuales gobiernos de Bush y el presidente colombiano Álvaro Uribe donde además cabe destacar que la unión de ambos países no sólo se limita a una lucha contra el narcotráfico:
En el 2004, Estados Unidos asignó $463 millones para invertir en la lucha de la droga. En octubre del 2004, el Senado estadounidense aprobó una ley de compromiso, incrementando el número de asesores militares estadounidenses que podían operar en el país como parte del Plan Colombia de 400 a 800 y el número de contratistas privados de 400 a 600.
El 15 de octubre del 2004, el senador John Kerry declaró su compromiso y apoyo al Plan Colombia y los esfuerzos hechos por el gobierno del Presidente Álvaro Uribe, pero resaltó la necesidad de que el gobierno colombiano mejorara la grave situación de los derechos humanos en el país y que cortara lazos pendientes con los grupos ultraderechistas irregulares y proporcionara una adecuada protección a todos los ciudadanos incluyendo sindicatos de trabajadores y grupos de derechos humanos.
El 22 de noviembre de 2004, el presidente Bush visitó Cartagena de Indias y respaldó las políticas de seguridad del presidente Uribe manifestando su apoyo a la continuidad del Plan Colombia en el futuro. Bush dijo que la iniciativa disfrutaba de un “amplio apoyo bipartidista” en Estados Unidos.