Indígenas brasileños:
Extranjeros en su propia tierra
Fueron los primeros habitantes de Brasil, sentaron las bases de su cultura y cuentan con el apoyo de importantes organizaciones internacionales. Sin embargo, aún no son reconocidos y han debido entregar sus tierras ancestrales al Gobierno.
Por Denisse Leigthon
El indígena brasileño, Dorvalino Rocha de 39 años, se encontraba al mediodía del sábado 25 de diciembre de 2005, a un costado de una carretera en la que se había instalado su comunidad tras el desalojo de sus tierras ancestrales de Nhanderu Marangatu.
De repente, frente a él se estacionó un automóvil del que bajaron tres personas. Un hombre corpulento levantó entre sus manos un arma y le disparó a quema ropa, perforando su pecho con una bala. Minutos más tarde, Dorvalino Rocha falleció mientras otros indígenas buscaban ayuda.
La navidad del año 2005, fue para millones de familias una noche de paz y amor. Sin embargo, para la comunidad indígena brasileña, Kaiowá guaraní, aquel día quedó marcado por la tristeza y el dolor de perder a su dirigente más querido.
Así Dorvalino pasó a engrosar la lista de víctimas aborígenes. Convirtiéndose en la persona número 38 que es asesinado (sólo ese año) en pleno conflicto de las declaradas áreas indígenas en Brasil.
El génesis de Brasil
Los primeros habitantes de Brasil fueron los indios Arawak y Caribesque que se ubicaban al norte. Así mismo, los Tupí-Guarani vivían sobre la costa este y la cuenca amazónica, los Ge, estaban situados en las regiones orientales y meridionales del país, y los Pano, en el oeste. La mayor parte de estas tribus eran semi-nómades y vivían de la caza, la recolección y una agricultura primaria.
Eran aproximadamente mil clanes que se repartían por los territorios del país. La población estimada fluctuaba entre cinco y trece millones de indígenas. Sin embargo, en abril de 1500 el navegante portugués Pedro Álvares Cabral llegó a las costas brasileñas y proclamó oficialmente a la región posesión de Portugal. Desde ese momento la paz y hegemonía de las tierras de los indígenas, se acabó.
Los nativos brasileños han visto cómo sus tribus disminuyen producto de las enfermedades que trajo consigo el hombre blanco. Además la esclavitud, masacres, invasión de sus territorios y deportación, han sido sus principales enemigos desde la llegada de los europeos.
Hoy existen 206 pueblos indígenas en Brasil y unos 300.000 indios repartidos en todo el país. Pero sólo en la Amazonía se concentra el 60% de la población aborigen.
El contacto de los indígenas con los conquistadores europeos varía bastante, por ejemplo los guaraníes que viven en el sur, han tenido contacto con los blancos durante más de 500 años; otros en cambio, se han encontrado con ellos recientemente. Incluso hay algunas tribus que nunca han sido contactadas.
Entre los clanes se distinguen varios idiomas, los que en total, suman 163 lenguas, a las que se adicionan más de 32 dialectos. A pesar de esta elevada cifra, muchos lenguajes se han perdido en este siglo, otros incluso están a punto de perderse. Incluso, la Constitución brasileña declara que la enseñanza en áreas indígenas debe ser bilingüe.
Los nativos viven de la caza, la recolección, el cultivo de plantas nutritivas, medicinales y de diversa utilidad. Según Manuela Carneiro da Cunha catedrática de la Universidad de Chicago (USA) y especialista en temas de indígenas, “las sociedades indígenas elaboraron cosmologías y sistemas sociales complejos, en los cuales el patrimonio inmaterial parece tener un privilegio sobre el patrimonio material ”.
Hoy esta afirmación se ha dado un vuelco en 180 grados, los indígenas brasileños han centrado su lucha sobre un patrimonio material: Sus tierras.
Luchando por sus tierras
“[…] nos están tratando como si fuéramos extranjeros en nuestro propio país, e incluso como una amenaza para la soberanía. Con ello, la esperanza de ver a nuestros territorios demarcados y ratificados poco a poco ha sido sustituida por el temor ”, extracto de carta enviada directamente a Amnistía Internacional por un dirigente indígena.
En la actualidad, los aborígenes brasileños viven diariamente una terrible lucha con el Gobierno de ese país. Según un medio argentino “históricamente, el movimiento indígena ha luchado para que el Estado brasilero garantice la plena participación de pueblos y organizaciones indígenas en la formulación y en el seguimiento de cualquier proyecto y políticas que los afecten, conforme lo establece la Constitución Federal y la Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Sin embargo, la política indigenista del gobierno se ha caracterizado por ser centralizadora y autoritaria” .
En abril de este año se realizó “Abril indígena”, movilización anual de todos los pueblos originarios de Brasil. En un acto de instalación de la Comisión Nacional de Política Indigenista, el Presidente carioca, Luiz Inácio Lula Da Silva, reconoció la necesidad de resolver una serie de problemas para que los indígenas conquisten su soberanía.
Aquel día “Lula admitió que su primera gestión estuvo muy por debajo de lo esperado, en lo que respecta a la política indigenista, pero dijo que pretende recuperar el tiempo perdido”.
Amnistía Internacional (AI), ha sido un gran aliado para las comunidades indígenas brasileñas. Lo que se refleja en la campaña que busca velar por los derechos de ocho grupos de aborígenes, con un especial hincapié en los que habitan en la parte central del Mato Grosso, al norte del país.
Además de esta campaña, en marzo del 2005, AI publicó un informe llamado “Extraños en nuestra propia tierra”, donde el organismo internacional asegura que estos pueblos originarios brasileños han visto vulnerados sus derechos hace décadas, sin que el gobierno haga nada para remediar la situación. Incluso, aseguran que son víctimas de violencia y los siguen despojando de sus tierras.
Una de la declaraciones importantes hechas por AI en este informe, es que “teme que el actual gobierno brasileño, que hasta ahora no ha adoptado una estrategia coherente destinada a solucionar los problemas que afrontan los amerindios brasileños, no esté sino repitiendo y exacerbando los errores del pasado” .
El factor Lula
"Tenemos que convertir las relaciones entre blancos e indios más democrática y civilizada”, señaló el Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ante representantes de más de cien comunidades indígenas, el 21 de abril recién pasado.
En el marco de la Festividad del Indio, Lula firmó un decreto que legaliza 978.000 hectáreas en cinco territorios de la región amazónica. En aquella fiesta el mandatario afirmó que "en este segundo mandato vamos a hacer lo que no hicimos en el primero (…) ustedes tendrán hasta 2010 mucha mayor atención del Gobierno" añadió, mientras los indígenas festejaban su día con gran simbolismo.
La superficie que Lula decretó para crear las reservas indígenas corresponden a Apyterewa, en el Estado de Pará; Itixi Mitari, en el de Amazonia; Palmas, en Paraná y Santa Catarina; Pankararu, en Pernambuco; y Wassu Cocal, en Alagoas.
Al finalizar la celebración de los pueblos indígenas, el presidente de la Funai (Fundación Nacional del Indios), Marcio Medira declaró que "es una conquista del movimiento indígena”.
Según El País.com, “Queda sin embargo pendiente la aprobación definitiva de la famosa reserva de Raposa Serra do Sol, centro de innumerables conflictos con los indígenas, con una superficie de más de un millón de hectáreas, objeto de la codicia de los terratenientes y buscadores de piedras preciosas. La reserva está en el Estado de Roraima, el único que Lula no visitó durante su primer mandato” .
Mientras en Brasilia se discute enérgicamente el tema de la delimitación de las tierras, los indígenas brasileños que están es sus hogares continúan con su extensa red de intercambios de mercancías, de esposas, de cánticos y ritos. Pero jamás su vida volverá a ser la misma, hoy su esperanza no es poder encontrar alimento para sustentar a sus clanes, si no que posar sus sueños en que un día los colonos invasores les devuelvan sus tierras ancestrales.