Lula y Uribe

Opinión
De amigos y enemigos

Por Sebastián Parraguez Soto


Lula da SilvaCuando llegó al Palacio de Planalto en el 2003, Luiz Inácio Lula da Silva cargaba sobre sus hombros no sólo un pasado lleno de carencias económicas y afectivas –especialmente por su padre-, sino que también debía luchar contra aquellos sectores más conservadores de la sociedad carioca que cuestionaban su escasa formación académica, la posibilidad de que cediera a las presiones populares y que, finalmente, se transformara en un segundo Hugo Chávez.

Pero, ya en pleno segundo período presidencial, el mandatario brasileño ha dejado atrás los fantasmas que lo seguían y, al contrario de lo que muchos pensarían, el líder de los sindicalistas de los años 80’ y 90’ ha ido evolucionando hacía un perfil izquierdista conservador, mostrándose cada vez más cercano a aquellos que se encuentran en el otro polo del mundo político.

Sin embargo, estos guiños entre Lula y sus rivales no son vistos con buenos ojos por todo el espectro político, especialmente por el ala más extremista del Partido de los Trabajadores (PT), quienes cuestionan el actuar del Presidente, como pasándole la cuenta por su apego a las políticas económicas que venían de la administración de Fernando Henrique Cardoso.

Pero también pareciera que Lula le está cobrando la factura a su partido ante los escándalos de corrupción que casi frustraron el segundo período, de éste, al mando de los destinos del pueblo brasileño.

No obstante, Más allá de los conflictos entre el Presidente y sus “amigos”, se da un fenómeno más de fondo y bastante interesante de analizar, que es el acercamiento entre la izquierda y la derecha carioca.

Pasado los años del primer gobierno de da Silva, el panorama social era mucho mejor en comparación con el que recibió el ex sindicalista cuando inició su mandato.

La taza de pobreza bajó un 8% el primer año de éste en Planalto, redujo los niveles de la población que no asistía al colegio se redujeron ostensiblemente y más personas ingresaron a la educación universitaria. Pero el gobierno de Lula, después de cuatro años, estaba al debe en el plano económico.
 
Por ello, cuando ya ha cumplido con sus electores, ¿no sería malo que el Presidente ahora se acercara a aquellos sectores que no son necesariamente parte de sus votantes? O es que acaso la gente aún no entiende que los presidentes, a pesar de ser elegidos por una mayoría de la población deben gobernar para TODOS.

Creo que aquí radica el próximo reto de Lula. Sabe que quienes manejan la política económica nacional no están necesariamente de su lado, sino que se encuentran al otro lado de la vereda. Es la derecha carioca, esa con la cual flirtea desde hace algún tiempo como si se tratara de sus cómplices del PT.

Los coqueteos entre los dos sectores políticos pueden ser vistos como la llegada de la política de los consensos al país mais grande do mundo, aunque la tarea es llevar esta nueva forma de hacer política a áreas más allá de las económicas y, además, el Presidente debe aprovechar esta instancia para mostrar una imagen menos populista, de forma tal de brindar seguridad a toda la nación.

Sin embargo, es en su propio partido donde Lula enfrentará los mayores retos, ya que siempre existen aquellos “agoreros del pesimismos” –como dice nuestra Presidenta- que necesitan de la inestabilidad para poder trabajar y más si ven que su referente principal se escapa hacia el bando enemigo.