Tony Blair:
Entre silencio y el llanto
El 31 de agosto de 1997, se convirtió en el día más triste y llorado por el pueblo Ingles. La trágica muerte de Diana de Gales marcaba un cambio en la historia de su país y del mundo. El cuento de hadas había acabado de la peor forma, y los dueños del castillo, es decir, los miembros de monarquía, parecían haberse borrado, como las últimas líneas de un antiguo cuento. Entre el silencio y las especulaciones, el, hasta entonces, reciente primer ministro Tony Blair alzó la voz para despedir a la “princesa del pueblo”.
María Fernanda Pavez Baez
Tras casi dos décadas de gobierno conservador, 1997 se transformó en el año del retorno laborista. Tony Blair, un hombre destacado por su gran carácter, fue quien se encargaría de aprovechar esta nueva oportunidad.
El 31 de agosto, a menos de cuatro meses de asumido su cargo, enfrentó uno de los acontecimientos más amargo y desconsolador vividos por los ingleses, la muerte de la princesa más querida de la historia. Su inmediata preocupación y aparente angustia, lo transformó en el representante del dolor de los británicos, sacando a la luz pública su estado más benevolente.
Luego del accidente que terminara con la vida de Diana de Gales y su pareja Dodi Al Fayed; Isabel II, pese a la gran conmoción del pueblo completo se mantuvo alejada, con un dejo de indeferencia, hacia la muerte de la que había sido la mujer de su hijo, el Príncipe Carlos, evitando incluso un funeral de Estado.
Tony Blair fue quien se unió a la angustia del pueblo, interfiriendo para que la recién fallecida princesa, tuviera un funeral digno de una mujer que perteneció a la realeza. Todo esto, por supuesto, sin poner en riesgo su relación con la más alta autoridad monárquica.
El laborista definió en varias oportunidades a la princesa de Gales, como una mujer adorada por la gente, y siempre preocupada de lo social antes que lo político, incluso confesó que semanas antes de su muerte, parte de su gobierno conversaba la posibilidad de entregarle un cargo especial a Diana Spencer como embajadora volante.
Algunos dicen que Blair se unió al difícil momento del pueblo. Otros, más asépticos, dicen que aprovechó la situación para vender una imagen caritativa y empática. Cualquiera haya sido su intención, sus acciones y dichos sirvieron para ganarse el preciado reconocimiento de sus ciudadanos.