La salud en Haití:
Una cadena de nunca acabar
No sólo los enfrentamientos internos en Haití están provocando la muerte de personas, sino que también los diversos virus que rondan el lugar. Los que afloran, junto con la pobreza en que viven los haitianos. Estas condiciones, sumadas a la precariedad de su vivir, son el abanico perfecto para que un sin número de enfermedades se vaya extendiendo a lo largo de la región.
Por Bárbara Santander Guerra
Diversos son los males que aquejan a Haití y las enfermedades son definitivamente uno de ellos. Entre las más comunes se encuentran : las transmisibles por vectores como la malaria -endémica en Haití- las que puede evitarse mediante vacunación. Entre las más crueles, podemos encontrar a aquellas relacionadas con problemas intestinales y nutricionales, que aquejan principalmente a los menores de 5 años.
Haití, al igual que África subsahariana, es una de las naciones con mayores focos de enfermedades. Para frenar esta negativa situación en algunos casos, se debería pensar en dar una mejor educación de la población, para que así tengan conocimiento acerca de lo que les está sucediendo, siendo esta una vía de escape que permitirá terminar con esta cruda realidad.
Al existir tanta demanda de personas con tuberculosis y SIDA, se genera una excesiva carga en los sectores de salud. Ya que estos actúan como los principales responsables para sanar a los enfermos. Pero qué sucede, cuando en este punto la región demuestra falencias, como es el caso Haití, que presenta un sistema médico deplorable que no se adapta a las demandas que existe en el país.
La forma de operar que tiene esta caribeña región, en materias de salud, es en base a cuatro sectores: público, mixto, con fines de lucro y privado sin fines de lucro. Siendo los más importantes el público y el privado sin fines de lucro.
El sistema público existente no considera enfermedades como SIDA y tuberculosis, lo que demuestra problemas en la legislación, en cuanto a temas médicos .Todo esto asociado, a la crisis política que vivió el país, y sumado a los disturbios sociales que permanecieron en la nación por varios meses, provocaron la salida del presidente el 2004. Este tipo de hechos ha impedido que se lleven a cabo mejoras en esta forma de operar.
Esto resulta precario, si se considera que no toda la población recibe la ayuda necesaria. En la región “existen 371 puestos de salud, 217 centros primarios y 49 hospitales”. Esto equivale al 60% de la población, ya que el resto se atiende mediante medicina tradicional, presente en las zonas rurales.
Frente a esta realidad, el sector privado sin fines de lucro, ha tomado gran protagonismo. Este vela por la salud de los haitianos, sobretodo de quienes se encuentran en riesgo vital. La ayuda se genera por medio de los organismos no gubernamentales (ONG) y sectores religiosos, estos trabajan en conjunto con el Ministerio de Salud de esa región. Los fondos recolectados por estas instituciones, son distribuidos en los barrios más pobres.
Esta ayuda permite frenar en parte los índices de mortalidad, los que en esta región son bastante elevados. Según datos entregados por Naciones Unidas, durante el 2001 se calcula que alrededor de 300.000 adultos y niños murieron de SIDA. Mucho de ellos podrían haber sido personas infectadas por tuberculosis, ya que quienes sufren del VIH se encuentran en mayor riesgo de contraer esta enfermedad respiratoria. Siendo, además, una de las causas más comunes de muerte para los haitianos.
Según datos arrojados por la misma entidad en 1999, se estimó que la tuberculosis, correspondía a la sexta causa de muerte en este país. En donde se establecía un proporción de 114 infectados por 100.000 habitantes.
Formas de combatir
El Fondo Global contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, aportó en el año 2003 a las autoridades haitianas y a la clínica Gheskio, alrededor de 66 millones de dólares. Lo cual busca evitar que el contagio de estas enfermedades aumente.
Existe otra campaña que está centrada en combatir la tuberculosis y el SIDA, todo por medio de la vacunación, la cual actúa de manera doble en los individuos, controlando las dos enfermedades con un sólo pinchazo. Quien ha estado por más de cuatro décadas a cargo de esta iniciativa es International Child Care, quienes tratan a los pacientes que padecen de ambas enfermedades, su misión se basa principalmente en las naciones que se encuentran en vías de desarrollo.
No hay que pensar que ellos frenan por completo la enfermedad a través de su terapia. El anti-retrovirus “puede aliviar el sufrimiento, bajar la tasa de infección, y dar a los niños y adultos muchos años más de una vida productiva”.
En muchos casos, esta ayuda no puede ser llevada a cabo en plenitud, ya que para poder suministrar el tratamiento antirretrovirales, resulta necesario atacar otro problema, la desnutrición. La cual impide la efectividad del medicamento. Al igual como ocurre con la vacuna para el SIDA.
Según señala Paul Farmer, “La primera línea de defensa en la lucha contra el sida es la alimentación; la segunda ayudar a los campesinos, a la gente pobre, a generar sus propios recursos alimenticios, su seguridad alimenticia", señala el fundador de “Amigos de la Salud', sociedad dedicada a combatir el VIH en Haití.
Es por esto que se han llevado a cabo diversos proyectos, uno de estos es el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU. El cual, desde junio del 2006, está suministrando alimentos en lo centro médicos “Amigos de la Salud”. Además esta misma asociación ofrece su ayuda los antirretrovirales a los pacientes más críticos llevando medicamentos hasta sus casas.
Si el panorama es tan critico, vale la pena preguntarse que factor presente en la región está provocando esto. Uno de los puntos que destacan, es la pobreza en la que viven. Otro es el agente característico, la búsqueda de nuevas oportunidades lo que va provocando una migración de campo a la ciudad, la que genera una fuerte promiscuidad. A esto se suma la falta de educación sexual, ya que no se tiene mucha noción acerca de lo letal que puede resultar contraer esta enfermedad.
El poco conocimiento que tiene los haitianos, está asociado principalmente a que gran parte de ellos pertenecen al sector rural. En donde es común que su mirada frente a enfermedades como tuberculosis y SIDA, las relacionen a una especie de “mal de ojo” y no de promiscuidad. Según señala el misionero Jan Hoet “Para ellos, no se debe a un virus o a su comportamiento, sino a la acción de alguien más, de un enemigo que está intentando hacerles un mal".
Frente a este escenario, los haitianos en muchas ocasiones acuden a un sacerdote vudú, entre los más reconocidos se encuentra Max Beauvoir , quien asegura que a través de plantas medicinales ha logrado mitigar el SIDA en algunos pacientes que asisten a su consulta. Es más, él señala que han transcurrido veinte años desde que contrajeron la enfermedad y aún siguen con vida.
Si todo resultara así de fácil, las cifras no serían alarmantes y en los sectores rurales de Haití, estaría la cura para frenar las enfermedades mortales. Que por lo demás, han significado una lucha constante de los científicos para buscar la cura definitiva para estos virus, que terminan con vidas humanas.
Y si lo místico del lugar fuera cierto, no sería tan necesario acelerar los suministros de medicamentos antirretrovirales, que en la actualidad sólo llegan a uno, de cada cinco pacientes que lo necesitan. Resulta aterrador ver como crece el número de enfermos y se mantiene la suministración deficiente de medicinas.
Habrá que tener mucha fe para que algún sacerdote vudú, solucione el problema de miles de enfermos, o sólo basta tener más conciencia y entregar fondos necesarios para que países pobres terminen con este macabro panorama.