El vudú, la verdadera religión de los haitianos:
Ricos de fe
Los graves problemas de pobreza que enfrenta Haití y el fuerte caos político que han debido afrontar durante los últimos años, no son impedimento para que el pueblo de esta isla centroamericana se refugie en sus creencias, y busque explicación de sus males en su autentica religión, el vuduismo.
Cristian Torres
Haití es un país pobre, que ha sido marginado en América. Todos hablan de sus penurias, la corrupción política, del caos en el que viven desde el 1 de enero de 1804, día de su independencia. Curiosamente nadie menciona sus hermosas playas, tan bellas como las de su vecino país República Dominicana; tampoco nadie se refiere a sus exóticos frutos, a la calidez de la mayoría de sus habitantes, ni mucho menos a su rica y exclusiva cultura.
Si, así es. Un país lleno de historia, de un folclore ligado a una religión casi exclusiva, llamada Vudú. Una creencia que en América sólo se practica de forma masiva en Haití. Es esta religión la que explica en gran medida sus comportamientos, sus miedos, sus pasiones y hasta el caos político del cual tanto se habla.
Es que para poder entender las dificultades y la marginalidad de Haití es necesario hacer hincapié en su cultura, su estilo de vida, del cual el Vudú no sólo es actor principal, sino también en gran medida responsable.
Una antigua religión
Para poder explicar de mejor forma la religiosidad de los haitianos, señalaremos antes algunos datos generales. Existen principalmente dos credos en Haití: El cristianismo, representado en gran medida por la religión Católica; y el Vudú, traído por los esclavos africanos que llegaron a la Isla en tiempos de La Colonia. Estos con el tiempo se han mezclado y es muy común ver que católicos practican ritos Vudú, en los cuales poseen imágenes de santos, la cruz o la virgen.
En total existe un 85% de la población que practica esta religión en la Isla y al mismo tiempo un 80% practica el catolicismo. A pesar de esto, los diversos textos de estudio haitianos señalan como credo oficial la religión Católica, por considerarlo sólo una practica.
La razón de esto es bastante sencilla. La religión católica es el dogma que profesan la mayoría de las clases diligénciales de Haití, aquellas que han tenido una buena educación y acceso al poder. Sólo ese motivo la mantiene ante las leyes como el credo oficial de los haitianos.
Esta misma clase de mayor poder, ha reprimido el culto Vudú y sólo los despenaliza y deja de perseguirlo cuando le conviene. Es así como el vuduismo se ha alternado entre la legalidad y fuera de los marcos del derecho.
El hecho tiene lógica. Independiente de la postura religiosa que se posea, el tener cierta simpatía con un 85% de la población de un país, no parece malo políticamente. Podríamos denominarlo justa “democracia”.
En datos más concretos esta religión, de carácter teísta y animista, cree en la existencia de un Dios creador, que posee otras deidades a su servicio en la tierra, llamados “Zombies”. Los que se asemejan en cierta forma con lo que los cristianos entienden como ángeles.
Para quienes practican el vuduismo, los “Zombies” son criaturas reales, a los cuales se les pide cualquier tipo de favor y por los cuales se llega por medio de rituales encabezados por los “Bokor” (sacerdotes).
A la hora de las ceremonias, todo cambia y no se compara con los rituales cristianos. Los haitianos para poder invocar y conseguir ser escuchados por sus deidades poseen ceremonias muy festivas, que son parte del folclore de Haití. Música y baile son el inicio de sus ritos, los cuales acompañan de alcohol, muchas velas y algunos sacrificios, tanto de animales como de personas. Eso si, todo lo que se entregue a estas animas debe ser propiamente Haitiano. Por lo que hasta en los sacrificios humanos, necesitan que sean de raza negra y no mestizos, por considerarlos impuros.
Esta es una de las razones por las cuales esta religión no sale de la isla. A pesar de la gran migración que existe de haitianos, principalmente a Miami, su gente no viaja con esta religión.
Ejemplo contrario al de los cubanos, quienes poseen un credo muy similar al Vudú. Es el caso de la Santería, una religión también animista, que invoca a sus antepasados y que sirve como método de adivinación. La diferencia radica en que los cubanos han sabido llevar sus conocidos “orichas”, o emisarios de su Dios, por todo el mundo y sus rezos se realizan en español por lo que su expansión es más sencilla.
Lo de Haití es más complejo. Primero porque su credo sólo se puede desarrollar con el lenguaje Creole, idioma oficial de Haití y que sólo es conocido en África. Segundo porque necesita de productos creados en Haití, los cuales a pesar de la globalización no salen de la Isla.
Los motivos para que esto suceda, se basan en una vieja creencia haitiana. Esta menciona que sus productos místicos, como las herramientas ceremoniales, como los machetes y velas no pueden llevarse en avión debido a la carga energética que esto conlleva. Según sus habitantes, un avión que transportaba pañuelos, velas y ron haitiano cayó años atrás, debido a las malas vibraciones que causó el sólo intento de llevar la religión o realizar sus ceremonias fuera de su tierra. Cierto o no, existe una prohibición a sus habitantes de salir de los aeropuertos haitianos con velas propias de la zona.
Aun así, existe un rasgo de esta religión que ha traspasado las fronteras. Me refiero a los muñecos Vudú, los cuales son conocidos en muchos sectores como elementos de “magia negra” y que sirven para hacer bien o mal a una persona. Pero esto no impide decir con toda autoridad, que el único país practicante del vuduismo en América es Haití.
Algunos datos negativos
Cuando se dice que el Vudú es responsable en cierta medida de la marginalidad y el caos de Haití no es un simple prejuicio. Es responsable como lo es cualquier credo que posee tan amplia cantidad de adherentes. Es tan responsable como lo es la religión Católica de las cifras de VIH que existen en Haití y África (ver “Un enemigo silencioso”), por causa de sus medidas opresoras que impiden el uso de preservativos en gran parte de sus fieles.
Algo similar ocurre con el Vudú. Lamentablemente algunos de sus practicantes han aprovechado la mística de esta creencia para captar a turistas, quienes por ver este tipo de ceremonias pagan entre 250 y 2 mil dólares aproximadamente. Tras el pago de este dinero, los “Bokor” solicitan la presencia de los brujos, quienes como si fuesen genios de lámparas, cumplen cualquier tipo de deseo. El precio, en un par de años el diablo vendrá a cobrar, bajo cualquier medio, su recompensa. El alma.
El problema radica en la corrupción de estos actos. Porque para poder llevar acabo sus ceremonias utilizan diversos recursos. Entre ellos cajas con doble fondo, que amparadas por la oscuridad de la noche, intentan esconder más de algún viejo truco para hacer de estos ceremoniales, verdaderos embaucamientos a los turistas.
Es más, las mismas agencias de viajes colaboran con estos estafadores, e incluyen en sus paquetes turísticos viajes por lo desconocido y rituales de “sorprendente magia”.
Pero quizás el aspecto más negativo de la religión Vudú está en la misma gente que desarrolla esta creencia. Y es que el pueblo haitiano explica sus desgracias como castigos de sus deidades. Así mismo, espera que ellos le traigan probidad, paz y dinero entre otros requerimientos, que por si solas parece difícil que pueda llegar.
El catolicismo tampoco ayuda mucho a solucionar el caos existente en Haití. Más bien podría decirse que ha acrecentado los problemas, inmiscuyéndose en la política. Ocurrió en los últimos años, cuando el ya mencionado presidente Jean-Bertrand Aristide, único electo de forma democrática, se mostró a favor de dejar de oprimir a quienes practicaban el Vudú.
Obviamente esto no causó gustó en los lideres de esta religión, quienes inmediatamente quitaron todo apoyo al mandatario. Bastante poca misericordia y tolerancia mostró el catolicismo. Sobre todo si se piensa que Haití y su mandatario pasaban por un complicado momento.
Y es que la fuerza de la religión católica no está en la cantidad de sus adeptos en Haití, sino en el tipo de fieles. La mayoría de las clases altas de este país son Católicos. Por eso el quitar el apoyo no hizo más que acrecentar las crisis sociales existentes durante el convulsionado año 2001.
Ojalá los “Zombies” y los santos católicos iluminen a sus respectivos fieles. Para que de una vez por toda realicen actos un poco más terrenales en la búsqueda de soluciones que terminen, o bajen, los niveles de pobreza que existen en esta hermosa, pero muy convulsionada Isla.
Trabajar más, con algo de esfuerzo y no por medio de distintos dioses; predicar menos en las iglesias y realizar actos más concretos en ayuda a la comunidad, como lo han hechos satisfactoriamente otros cultos a través del mundo. Podría ser una buena formula para que las religiones dejen que los habitantes de Haití, por lo menos en su “vida terrenal”, tengan un mejor vivir.