Campañas de Paz en Haití
¿Misión Imposible?
Cinco han sido las campañas de paz que ha realizado la ONU en el país caribeño. Todas con el objetivo de reestablecer el orden político y social. Actualmente está en proceso un nuevo plan solidario de Naciones Unidas. La meta a vencer es regresar la estabilidad a este país y reducir los alarmantes índices de pobreza. Un cáncer que afecta a millones de latinoamericanos.
Rodrigo Soto Gajardo
El país más pobre y desolado de América. Es la situación que vive Haití y sus poco más de 8 millones de habitantes, día a día sumidos en una terrible situación política y social.
El estallido social y las condiciones de vida de la isla dieron la oportunidad para que todo el mundo viera en qué condiciones estaban sus habitantes. Por ejemplo, la falta de agua, vías de comunicación, educación e inversión en la región.
La situación del país caribeño hizo necesario la elaboración de un plan de colaboración de la Organización de Naciones Unidas (ONU), para así apoyar a la nación más pobre y una de las más paupérrimas de todo el mundo. Nacieron así las Misiones de Paz de las Naciones Unidas.
Las primeras ayudas
Éstas comenzaron hace 14 años, un 3 de julio de 1993. Cabe mencionar que todas iniciativas de paz de la ex Sociedad de las Naciones han sido una prolongación de la anterior. La primera de ellas fue la Misión de las Naciones Unidas en Haití (UNMIH). Casi 2 mil personas entre personal militar, de policía, funcionarios civiles y voluntarios de la ONU, batallando por la estabilidad de un país socialmente convulsionado y azotado por la extrema pobreza. Además, debía ayudar a la profesionalización de las fuerzas armadas y la creación de una policía separada. Quizás así podría crearse un ambiente propicio para la celebración de futuras elecciones.
La situación no mejoró enormemente. Le prosiguió, en julio de 1996, una segunda oleada de estas campañas: La Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Haití (UNSMIH). Se llevó a cabo porque todavía la policía haitiana aún no era capaz de poner orden por sí misma, lo que impedía que un gobierno se estableciera democráticamente por las suyas. Ante esta situación, no se podía dar la orden de retirada de los militares y policías del organismo internacional, ya que así se ponía en riesgo todo lo que se había avanzado en la primera instancia.
Originalmente la campaña duraría hasta fines de año, pero fue el propio Presidente de Haití, René Preval, quien pidió su prórroga, porque las fuerzas de seguridad de su país aún no tenían el nivel de experiencia y confianza necesaria para controlar el peligro de desestabilización por parte de las fuerzas que amenazaban la democracia. Para ello, 800 funcionarios entre militares y policías tuvieron a cargo el seguir sentando las bases para asegurar el buen porvenir de las inversiones que estaba realizando la comunidad internacional para restaurar la democracia de Haití.
Al aproximarse la fecha límite de esta misión, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decidió seguir manos a la obra en la perenne lucha de retornar la democracia al país. Se hizo patente una nueva cruzada: la Misión de Transición de las Naciones Unidas en Haití (UNTMIH).
El tema seguía siendo mantener a raya a la bestia social. Aún la policía local no podía hacerse cargo de ellos. Su avance era lento, por lo que abandonar la isla podría ocasionar un despertar en el deterioro de las condiciones de seguridad. Haití estaba mejor parada que hace cuatro años, pero faltaba todavía mucho por hacer, como lo era fortalecer las instituciones democráticas y generar empleos para los ciudadanos. Además, se continuaría ayudando a la fuerza policíaca en su batalla de mantener el orden social del país.
Desde 1997 hasta el 2000 se llevó a cabo la Misión de Policía Civil de las Naciones Unidas en Haití (MINOPUH), otorgando especial atención a nivel de supervisores y en la formación de unidades especializadas de policía. Aquí el énfasis está más marcado en apoyar el trabajo de la policía y su perfeccionamiento.
El inicio de un nuevo milenio trajo consigo la Misión Civil Internacional de Apoyo en Haití (MICAH), que buscaba la consolidación de lo resuelto en la MINOPUH, así como por la Misión Civil Internacional en Haití (MICIVIH). Todo realizado por la ONU, en conjunto con la Organización de Estados Americanos (OEA), quienes tuvieron especial cuidado en el respeto de los derechos humanos, el sistema de justicia y ayudar a las relaciones multilaterales de Haití con en resto del mundo.
Asignatura pendiente
Hoy, el país caribeño está inmerso en la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (MINUSTAH). Se realiza desde abril de 2004, con un despliegue de más de 8 mil integrantes, entre soldados y policías civiles.
La situación era de extremo cuidado. Al igual que en elecciones anteriores, éstas se realizaron de manera fraudulenta, produciéndose asesinatos y continuas violaciones a los derechos humanos. Una imagen poco alentadora de Haití para el resto del mundo.
La ayuda internacional se fue. Su economía estaba titubeante. El turismo también. Lo único que seguía intacto era el movimiento relacionado con el tráfico de drogas. Pueblos cercanos a la capital, Puerto Príncipe, comenzaron a manifestarse negativamente destruyendo edificios estatales y privados.
La situación se hizo insostenible. El 21 de febrero, Estados Unidos, Canadá, Francia, además de la ONU, OEA y la Comunidad del Caribe (CARICOM) decidieron poner paños fríos al asunto, “proponiendo” la formación de un nuevo gobierno.
En realidad, tal y como lo señala el periodista uruguayo, Guillermo Chifflet, “el drama de Haití comenzó con un golpe de Estado promovido por Estados Unidos que destituyó al gobernante electo en ejercicio, Jean-Bertrand Aristide”.
Por consiguiente, se conformó la Fuerza Multinacional Interina de Paz (MIF-H), compuesta por Estados Unidos, Francia, Chile y Canadá para tratar de volver a la calma al país, cuyos revoltosos pululaban como moscas en la miel.
Cascos sangrientos
Sin embargo, la situación ha sido por momentos incontrolable en el país caribeño. Así lo destacó Jean-Marie Guéhenno en la BBC, Jefe de las misiones de paz de Naciones Unidas: “Las tropas desplegadas en Haití no tienen suficiente capacidad para lidiar con los conflictos urbanos que enfrentan diariamente. Se necesitan soldados y policías preparados para poder afrontar operaciones en ambientes peligrosos como, por ejemplo, el arresto de líderes de las pandillas armadas.”
Para muestra, un botón: Uno de los lugares más frecuentados por las fuerzas de paz es el barrio de Cité Soleil. Desde el inicio de la misión en Haití, las tropas de la ONU intentan apaciguar la violencia de las pandillas armadas que se refugian en barrios marginales. Incluso, algunos acostumbran a frecuentar con otros fines estos lugares. Todos los días en Cité Soleil –uno de los lugares más pobres de la isla– los soldados asesinan personas. A pito de qué… quizás como queriendo recetarles su propia medicina.
Camile Chalmers, profesor de economía de la Universidad de Haití, afirma que “desde el punto de vista de la seguridad estamos peor que antes de la intervención militar”. La MINUSTAH gasta 25 millones de dólares todos los meses, cifra que para la situación que vive el pueblo haitiano podría destinarse a muchas otras cosas”.
Son 500 millones de habitantes los que tiene Latinoamérica. 240 millones están en situación de pobreza y 100 millones son indigentes. Pero mientras exista una enorme inequidad en la distribución del ingreso, desigualdad en el acceso al trabajo o al sistema educativo, difícilmente se podrá lograr encontrar fin a un mal que no es solo la realidad que viven a diario los haitianos, sino que muchas desventuradas personas de la región.
Así lo grafica muy bien el periodista uruguayo Chifflet: “Con este pueblo hermano sucede como con los graves problemas de los pobres en países de nuestra América: Estallan de pronto, conmueven la opinión, despiertan el interés de la prensa por algunos días, y luego todo vuelve al silencio... Hasta el próximo estallido”. Queda de manifiesto que el problema de Haití es en mayor o menor medida el mismo de Latinoamérica, y ante eso la labor de la ONU se encuentra ante una Misión Imposible.