Haití

El futuro de Haití

El niño curioso del Caribe

Herederos de esclavos africanos, de la servidumbre y de la opresión, de la intensa idea de luchar para alcanzar la libertad. En donde, si bien,  la esclavitud dejó de existir en el S. XVIII, la dependencia y las diferencias sociales, se han  mantenido.

Pamela Palma Castro


 

haiti Al compás de  la kompa, música popular de Haití, las mujeres equilibran  sobre sus cabezas, frutas y ropas, paseándose por los diversos parajes de su tierra. Ellas, sus hombres y niños advierten la riqueza turística de su pueblo, pero también,  la desgracia a la que se ven constantemente enfrentados, como la violencia, la miseria y el hundimiento.               

Las interrogantes que surgen respecto al destino de su país,  se manifiestan cada día, al borde de su delirio o de su intensa lucha por vivir. Las manifiestan en sus hogares, trabajos casi inexistentes, mediaguas, micros, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales o en el eco de sus propios gobernadores, quienes parecer a su vez también comparten los mismos sentimientos.              

Pero objetivamente ¿Qué camino está tomando Haití? ¿Quién realmente interviene en su futuro? : ¿El gobierno de Préval?, ¿la ONU?,¿los extremistas armados o la comunidad internacional compuesta por los países de Canadá, Francia y los Estados Unidos?               

Las diversas percepciones que tiene el pueblo de Haití acerca de las circunstancias en las que se encuentra su país, revelan contradicciones. Sobre todo si se toma en cuenta la realidad en que están sumergidos, un lugar rodeado de inseguridad, violencia, organizaciones armadas, entre los extremistas y la fuerza multinacional de las Naciones Unidas (ONU), en donde tener un parámetro fidedigno o una clara perspectiva, se hace cada vez más dificultoso. (*)                             

Para una parte de los haitianos, el país  avanza hacia la normalización institucional y por ende, a la democracia.  Para otros que se encuentran en un permanente estancamiento  y  hay también quienes piensan que Haití no hace otra cosa más que retroceder.              

Ideas contradictorias que impiden hacerse una idea concreta  acerca de la orientación que está siguiendo  Haití, ¿qué rumbo está tomando?, ¿qué es lo que se puede predecir?, ¿cómo se asume el futuro en estos casos? Se Despierta la ciudad              

El  transitorio gobierno del Presidente anterior Boniface Alexandre, tuvo como misión generar, al menos, un mínimo de estabilidad  y seguridad, contando con la ayuda de los cascos azules de la Misión de las naciones Unidas para la estabilización de Haití (MINUSTAH), luego del golpe de Estado  de Jean-Bertrand Aristide. Fue en este contexto donde se realizaron las gestiones para llevar a cabo el esperado sufragio que puso al candidato Préval del partido La Esperanza al sillón presidencial. ¿Y qué pasó después? (*)              

Las elecciones democráticas que se realizaron el día siete de febrero de 2006 y que llevaron a René Préval a la presidencia, forjaron un clima de esperanza dentro de la nación, en donde diversas dinámicas  alentaron a los  sectores sociales a participar. Sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde y eso bien lo saben los haitianos.              

Grupos políticos, fragmentos de socialistas y liberales de los países de la comunidad internacional, grupos populares y sociales, empresarios y burgueses, incluso aquellos que se opusieron durante al periodo anterior de Préval, recibieron de buena manera su victoria. Manifestaron su apoyo  e ideas de acompañarlo,  asistirlo, de invertir en sus proyectos. Por su parte los grupos más violentos propusieron deponer sus armas. Todo   señalaba un futuro prometedor para  Haití.              

Sin embargo, a más de un año, la situación de Haití sigue siendo devastadora, sin ir más lejos, la miseria, la inseguridad, la falta de servicios básicos, el desempleo y el alza de artículos indispensables, se contrapone frente a las prioridades de los dirigentes, que enceguecidos, ponen más atención en politizar que responder a las necesidades del pueblo.                             

Creación de instituciones democratizadoras, instituciones para esto, para aquello, organizaciones, funciones y funcionales y ellos, los haitianos, siguen esperando.              

Mientras más pasa el tiempo, más se deteriora el país. El deseo de hacer justicia se instala en la sangre y las pasiones de uno y cada uno de los movimientos ideológicos que han nacido bajo el desamparo de un pueblo desolado. Entre ellos se encuentran  aquellos que están en contra de la labor de los cascos azules de la MINUSTAH o a aquellos que luchan en nombre del ex Presidente Aristide. Movimientos que al pasar el tiempo se vuelven más violentos y por consiguiente, incontrolables.              

Las bandas armadas se desenvuelven en los distintos suburbios del país con el objetivo de controlar  zonas pero que ante las  fuerzas de orden sus enfrentamientos aterrorizan a la población (*)                

Según un informe  de la Comisión Episcopal Nacional de Haití: Justicia y Paz, la violencia armada fue responsable de la vida de   208 víctimas  durante un período de cuatro meses (desde junio  hasta septiembre del 2006), entre ellos, mujeres, policías y agentes de seguridad. Por lo que la lucha en contra  la inseguridad y la violencia, cada día se ha ido desarticulando. Además debemos mencionar, la escasa estabilidad de un país que se vuelve aún más vulnerable frente a la miseria.(*)Asumir el destino              

Para muchos, comer, beber agua potable, ir al colegio o al doctor son parte de las acciones habituales de cada ser humano, sin embargo, para la mayoría de los habitantes de Haití, aquellas necesidades se transforman en todo un lujo, algo casi inalcanzable.                              

Según  la ONU cerca de  un 70% de la población es pobre. Por otra parte, aproximadamente un 71% de los haitianos depende de la agricultura,  la que consiste principalmente de agricultura de subsistencia a pequeña escala y emplea cerca de las dos terceras partes de la población económicamente activa.  Además explica que “El país ha tenido muy pocos puestos nuevos de trabajo desde que el Presidente René Préval tomó posesión en febrero de 2006, aunque la economía informal está en crecimiento. El fracaso en el intento de lograr acuerdos con patrocinadores internacionales, han impedido que Haití obtenga asistencia para un presupuesto y programas de desarrollo”. (*)              

En consecuencia, lo que se conoce como "clase media"  está desapareciendo y la lista de nuevos pobres aumenta, muchos de los cuales  no encuentran más opción  que unirse a las pandillas que operan cada vez con mayor fuerza.                              

Los problemas se extienden y más vidas humanas se destruyen por las armas, el hambre, el frío y el abandono. Nuevamente es la esperanza el único modo de sobrevivir con el que cuentan los ciudadanos. Esperanza de algún día ver llegar a su país la paz,  alimentación, salud, ayuda internacional, seguridad, abrigo, educación y sin ir más lejos, una vida digna.¿A costa de qué o de quiénes Haití podrá por fin surgir?               

Preguntas sin respuestas, en donde el destino del pueblo haitiano se escapa de aquella esperanza que sus habitantes han depositado en la participación activa con la idea de reconstruir  su país no sólo de manera democrática  sino también a través de sus destrezas, experiencias y sueños.              

Por ahora, Haití  no es más que un pequeño obligado a obedecer, pero lleno de dudas que lo llevan a descubrir mundos y a exigirlos mediante la  pasión, la violencia, la misma que aflora en un adolescente idealista y que lucha por alcanzar aquella edad adulta  de la que muchos coinciden que es la única etapa en la que se puede saber a ciencia cierta, cómo se asume el destino. Por ahora, Haití no es más que un niño curioso, cuyo futuro sigue siendo incierto.