Haití

El cabecilla de la crisis haitiana

Por : Camila Vásquez Vidal


 

1La violencia en Haití se ha convertido en un cuento de nunca acabar.
La línea que se ha trazado desde el 2004, explica a través de la serie de hechos que marcaron la llegada de una crisis premeditada, cada uno de los factores que han hecho de Haití un caos plagado de enfrentamientos armados, muertes y desastre.

Los desórdenes civiles y la violencia desatada en Haití, se asocian directamente a la caída del entonces Presidente Jean-Bertrand Aristide, que tuvo como consecuencia primera, el ataque indiscriminado a las que se convirtieron en víctimas directas de factores tan anexos a la humanidad, como la economía y la política reinante en ese entonces.

El deterioro de las estructuras políticas, humanitarias, higiénicas y de seguridad social, convirtió a los haitianos en un foco delicado, vulnerables a la corrupción que Aristide  esparcía en el país, especialmente después de las elecciones del  2004.

Pero sus manos no estuvieron puestas sobre Haití desde el mismo momento de la crisis. Fue exactamente su gobierno el que ayudó a desencadenar un conflicto que hunde hasta el día de hoy al país más pobre del mundo. Un cabecilla escondido entre las más ocultas estrategias, manipulaciones y  operaciones políticas que desencadenaron las  revueltas sociales.
Pero los problemas venían de antes, tal como una serie de piedras que finalmente hacen tropezar y caer a cualquier persona, régimen, cultura, incluso a un país entero.

Aristide inició su gobierno con el pie izquierdo.  Desde el mismo momento en que es elegido Presidente, el año 1990, su historia se marcó de malos augurios.

El 30 de septiembre de 1991, fue removido de su puesto por un golpe de Estado propiciado por los militares, quienes obligan al Presidente a asilarse en Estados Unidos. 
Como siempre, Estados Unidos no podía dejar de actuar. En 1994 envió 20.000 soldados a Haití, lo que permitió que Jean-Bertrand Aristide volviera al país caribeño. A pesar de no tener atribuciones políticas, recibieron un apoyo fundamental del país norteamericano.

Haití se convirtió en un pequeño niño que no podían abandonar. Estados Unidos se mantuvo a su lado mientras se establecía en el país el recién llegado Presidente Aristide.
Luego del abandono de los americanos, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se propuso dejar todo en orden y así poder ayudar a restablecer el sistema judicial y organizar la ayuda internacional que debía llegar. Pero no cumplió su objetivo. De igual forma tuvo que abandonar Haití, porque se aproximaban las elecciones presidenciales.

Como la Constitución haitiana prohíbe las elecciones inmediatas y a Aristide no tuvo un pelo de tonto, dejó  su poder en manos de su compañero René Preval, tal y como se declara en el sitio web de la sociedad Catalana por la Paz. “Haití ya tiene presidente. Éste será René Preval, de 63 años, militante de la  Organización Política Lavalas, coalición que llevó a la presidencia del país a Aristide tras la victoria en las elecciones de diciembre de 1990”. ACP

Preval se convirtió en Presidente precisamente porque tuvo el apoyo del Lavalas. Las masas también vieron en él una manera de surgir; tener carreteras, caminos, viviendas, escuelas, seguridad y lo más importante: paz.

Las elecciones del año 2000 estaban encima, pero Aristide se encontró con un pequeño problemita. Los seguidores de su partido, Lavalas, se comenzaron a  dividir en sectores, y lo que es peor, se pusieron del lado de la oposición.

Fue en esta misma instancia que el gobierno haitiano demandó a Bertrand Aristide, “por robar millones de dólares del erario público, de la telefónica estatal y por narcotráfico, según documentos judiciales presentados en el tribunal federal de Miami”, como asegura Stermedia

Claro que Aristide y su poder pudieron contra estas acusaciones.  Culpó  a los rebeldes de financiar el alzamiento con dinero proveniente del narcotráfico, pero en ningún momento negó tales cargos, ya que parecieron no tener importancia para él.

Pero los rebeldes llegaron más allá, formando una coalición  a la que llamaron “el grupo de los 184”. Su nombre se lo dieron porque este fue el número de partidos políticos, sindicatos y civiles que pusieron todas sus fuerzas en contra Aristide.

Y  justamente es por ellos que la violencia se desencadenó. Sus acusaciones y críticas en contra de las elecciones presidenciales del año 2000, se basaron en la corrupción, en el fraude y en la manipulación que Aristide ingenió para salir elegido. El convencimiento acerca de que los comicios legislativos programados para 2004 se mancharan, también se cumplió. Sus predicciones fueron fuertes, pero ocurrió tal cual como lo pronosticaron. Los comicios fueron marcados por las mismas características de las presidenciales anteriores.

“El grupo de los 184” organizó un boicot al Congreso imponiendo sus ideas, entre ellas la Conformación del Consejo Electoral. Además, reclamaron la formación de un gobierno transitorio, presidido por un representante de la Corte Suprema y un consejo de nueve miembros.

De esta forma, se afirmaba el accionar de la posición armada y las propuestas ayudaban al empeoramiento de la situación del país. La violencia con que actuaban se veía reunida en la capacidad que el cabecilla del grupo de los 184 lograba transmitir. Guy Philippe fue líder del Frente de Resistencia Nacional para la Liberación de Haití y subjefe de la policía en el norte de Haití bajo el gobierno de Aristide. Louis Ous Joyel Chamblain se les unió en el camino, convirtiéndose en el miedo que deseaban transmitir. Louis ya había hecho temer a la población haitiana en 1990, por medio de los mismos procedimientos armados.

Las protestas se volvieron cotidianas. El mal manejo económico y las falta de dialogo político entre ambos sectores, propiciaron una situación caótica en un amplio sector de Haití. Gonaives, Petitgoave, Jacmel, San Marcos,  Hinche y Cap-Hiten fueron las ciudades más afectadas; decenas de personas murieron y otras más fueron heridas, además de destruir bienes estatales y privados. Esto les permitía llegar a la ciudad y es por esta razón que eligieron específicamente a estos territorios y no otros.

Los enfrentamientos entre la policía y opositores a Aristide se hacen más fuertes, ambos luchaban por sus posiciones y por la implementación de la violencia.  No obstante, los pobres seguían siendo los más afectados.

La enajenación de sus actos,  el vandalismo y la violencia en las diferentes zonas de Haití, fueron iniciativas más potentes que no les dejó espacio para ver la realidad. Las víctimas de su revuelta política en su mayoría eran niños y mujeres, bajo una única razón: los pueblos atacados eran refugios de personeros y simpatizantes del partido de Aristide, el Lavalas.

Dentro de la declaración pública de Admistía Internacional, sobre la violencia en Haití, se destaca la “preocupación por el desprecio de las vidas y la seguridad de las personas que viven en los barrios pobres de Puerto Príncipe que se manifestó en los sucesivos incidentes.” Admistía

Es por lo mismo, que esta organización insta al gobierno haitiano a crear una estrategia para asegurar, principalmente,  los derechos fundamentales de la vida y la seguridad.

Conociendo tales antecedentes, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CIRC) siempre estuvo dispuesto a cooperar contra la violencia desatada en Haití desde 2004, aunque su trabajo ha estado ininterrumpido permanentemente desde 1994.

Su trabajo renace con más fuerzas desde que Aristide incrementó e hizo detonar la crisis, las diferencias y la violencia entre las ciudades de Haití. Dentro de las zonas más afectadas se encuentra la Capital haitiana: Puerto Príncipe. Ésta tiene serios déficit en el sistema de distribución de agua, principalmente en Cité Soleil. Y es en este mismo lugar donde la CIRC efectúa sus más rigurosas intervenciones. Estos sectores son los más desvalidos, necesitan puestos de primeros auxilios, preparación de socorristas e implementación necesaria para cumplir con las necesidades básicas que los pobladores necesitan, además de la difusión de principios humanitarios hacia los demás países. 

La tensión es tan fuerte, que muchas de las situaciones que se crean para apalear la violencia y mejorar la calidad de vida de los haitianos se hace inútil. Ni las autoridades, ni la intervención de potentes organizaciones como la Organización de Naciones Unidas (ONU), La Organización de Estados Americanos (OEA) y países tan poderosos como Francia y EEUU, así como la mediación de la Iglesia Católica, se han vuelto medidas infructuosas.

Sus fuerzas, aunque intenten unirlas y pacificar el sector, no pueden involucrarse en un conflicto que entre ellos no desean resolver. La crisis entre civiles, oposición y militares no se ha detenido... a pesar de los años y la crudeza de la violencia.