Haití

La selva al desnudo

Desierto en medio del caribe

La continua tala indiscriminada de la selva haitiana ha causado un daño irreparable al ecosistema de la zona, a raíz de esto la población se ve enfrentada continuamente a catástrofes naturales que perjudican aún más sus condiciones de vida.

Por Carla Soza


 

            Haití  no sólo es uno de los países más pobres del mundo, si no que además este pequeño trozo de isla caribeña es continuamente azotado por catástrofes naturales.

             En la Isla La Española son cientos los agricultores que  mueren con cada huracán e inundación a los que se ven continuamente enfrentados. La única culpable de todos estos sucesos, no es otra que la deforestación.

            Este fenómeno causado exclusivamente por la irracional acción del hombre, ha llegado a su estado más crítico. Se han  perdido alrededor de un 98% de los bosques haitianos en los últimos cien años. Y esto lo ha llevado a convertirse en un desierto en medio del caribe (*).

Árboles para vivir
            El porqué de este fenómeno tiene directa relación con la extrema pobreza en la que viven sus habitantes. Cualquier  aumento en el precio del petróleo significa un árbol más que debe ser utilizado como leña.

            Y es que en este país no se cocina con otra cosa que no sea leña o carbón vegetal. Esto dado al alto precio que tienen otros tipos de combustibles como el gas, la bencina o el petróleo.

            Sin embargo, no se debe asumir que el  comportamiento del agricultor de este país es desconsiderado, ni mucho menos egoísta con el medio ambiente y con su entorno. La pobreza de su pueblo genera una permanente lucha frente a la adversidad,  desafortunadamente la ecología se ha visto en desventaja producto de esta batalla.
           
            Los  campesinos tiene una clara  conciencia ecológica, reconociendo el daño que produce la deforestación, lamentablemente no existe para ellos otra forma de obtener dinero para alimentar a sus familias que la elaboración de carbón.

            Es importante mencionar el crecimiento demográfico que experimenta el país y la ausencia de un control gubernamental efectivo. Las ciudades han crecido sin mantener un orden estructural y la población construye sus casa s donde antes solía haber un árbol. La desprotección que enfrentan sus habitantes por parte de un gobierno organizado es evidente.

            No existe ningún tipo de ente fiscalizador sobre la utilización de la tierra,  generando por cabeza una explotación excesiva de los recursos. Haití es un país pequeño,  con una densidad de 8,5 millones de habitantes, que utilizan la leña y el carbón el 80% de su fuente de energía. A  raíz de eso la riqueza forestal desaparece a un ritmo de 15 a 20 millones de árboles por año. Más habitantes, menos bosques, un pulmón menos para el mundo.

            El mundo está en peligro, eso no es una sorpresa. La contaminación de la tierra ha llegado a niveles realmente peligrosos. Hoy es necesario fomentar la forestación. Utilizamos más recursos de los que el planeta puede producir para sostener la vida. Por lo mismo no debemos olvidar el impacto ecológico que esto produce en La Tierra. Como ha señalado El presidente de la fundación ecológica Kyoto, Manuel Pereyra recalcando la importancia de incluir a la agenda de las grandes potencias los problemas ambientales del mundo (*).
           
            Se ha tratado de inyectar con ayuda del Banco Mundial un proyecto que mejore la calidad de vida de los habitantes sin que este proceso destruya el ya percudido entorno.

            El ministro de Ambiente de Haití Yves –André Wainright declaró a IPS, “que se desarrolló un programa para introducir cocinas a gas y así alivianar la presión sobre los árboles”. Sin embargo con los precios del petróleo situados entorno a los 60 dólares por barril en los mercados internacionales “es muy difícil que la gente crea que será más beneficioso el gas y vuelven a la leña y sobre todo al carbón” (*).

            Cada aumento en el crudo significa una catástrofe para la forestación de Haití, diferente es la situación de su vecino República Dominicana, el gobierno de este país subsidia el gas y así ha logrado bajar los índices de deforestación.

            La isla La Española es compartida por ambos países son casi 78 mil kilómetros cuadrados. Las montañas del lado oeste perteneciente a Haití se han convertido en un desierto. Tristemente se encuentran ahora casi totalmente desnudas e infértiles.

1            La  situación dominicana ha mejorado sustancialmente, los bosques abarcan ya un 15%. Es difícil creer que 200 años atrás toda la superficie estaba cubierta por bosques.
La débil situación política histórica del país ha generado continuamente cambios políticos. Nunca ha existido la estabilidad para generar y diseñar soluciones eficaces.

            La reforestación parece ser una solución a largo plazo,  pero el presupuesto que recibe el Ministerio de medio Ambiente es insuficiente para realizar cambios profundos. La imposibilidad de organizar un poder político eficaz repercute inevitablemente  en la inviabilidad de generar proyectos eficientes de reforestación
           
Ecosistema en peligro
            La calidad de vida de los pobladores es mísera, atrasada. La pobreza extrema del país lleva a sus habitantes al límite de la supervivencia, utilizar carbón como combustible es cosa de hace más de 100 años (*).
           
 Pero la deforestación no sólo produce problemas económicos, la tala indiscriminada de los árboles produce una falta de defensas naturales para enfrentar una posible inundación. Estos fenómenos naturales tienen como consecuencia el aumento de la erosión y la inestabilidad de los suelos. Es por eso que los corrimientos de tierra son inevitables.
           
Con cada aguacero la erosión del terreno es más fuerte, eso sumada a la desaparición de la capa vegetal infertiliza el único recurso que se tiene, la tierra.
           
En el siglo pasado la isla ha sufrido 16 huracanes. Sin ir más lejos las lluvias torrenciales del pasado mayo dejaron 1.200 victimas. En septiembre de 1998 la situación ecológica empeoró aún más con el huracán Georges, las inundaciones provocadas por este costaron la vida de 229 personas a lo largo de toda la nación (*).
           
Muchos pobladores han construido sus casas en zonas inundables, lo que en caso de catástrofe se traduce en más victimas. La aldea de Fond Verrets situada al sureste de Puerto Príncipe, capital de Haití, fue completamente arrastrada por el barro producto de las inundaciones provocadas por Geroges. Solamente en esta oportunidad murieron 102 residentes (*).
           
 Mapou es otra aldea del valle, dos meses después del huracán se encontraba todavía inundada. La situación de este poblado es un claro ejemplo de lo arruinada que se encuentra la superficie agrícola del país, reduciendo de esta manera la producción de café o mango, los cuales exporta en grandes cantidades.
            La lucha de hoy es encontrar soluciones para las personas que se ven obligadas a talar para sobrevivir. Se debe además evitar la erosión de los suelos y recuperar los bosques que se han destruido.

            El daño sin duda ya está hecho pero no es irreparable, se le ha enseñado a la gente ha plantar árboles y así darles nuevas y mejores alternativas de supervivencia.
           
 Sin embargo no hay duda que el desarrollo global pareciera haberse olvidado de este desierto donde reina la anarquía y la pobreza. Esta población es azotada por tempestades cada vez que logra levantar un poco la cabeza. La falta de recursos y organización se han traducido en la deforestación que sin duda se ha convertido en su problema más grande.