Intervención extranjera en Haití
¡¡Ay Haití!!
En los últimos años y tras la crisis vivida en el 2004 Haití ha recibido a diversas naciones que tienen como finalidad ayudar a apaciguar la tensa situación, pero lamentablemente, muchas de ellas han fracasado al cometer abusos. Esto no es primera vez que ocurre en la nación. Ya en ocasiones anteriores, este tipo de intervenciones solo han logrado dejar al país mucho más inmerso en la miseria y el sufrimiento.
Por Daniela Guzmán
La intervención Militar que sufrió Haití fue Multilateral. Pero sin embargo quien siempre estuvo a la cabeza fue Estados Unidos, estos, con la ayuda de Francia depusieron al Presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide.
Esto significó, para algunos, una intromisión armada en contra de un gobierno constitucional y la violación a la soberanía del país. No debemos olvidar que la potencia mundial, supuestamente, antes había intervenido para instalar a este mismo presidente, que fue elegido por sus compatriotas de Haití.
Hoy, este país está invadido por supuestos "ejércitos para la paz" de las Naciones Unidas, integrado en gran parte por militares de países sudamericanos. Sólo en un año, han muerto 200 mil personas con la política exterior estadounidense.
La lucha por autogobernarse
Antes que los militares llegarán a “pacificar” a Haití, el país intentó gobernarse luego de la liquidación del duvalierismo que condujo a la victoria de Jean Bertrand Aristide, sacerdote entonces de la Teología de la Liberación y que tuvo una propuesta participativa de cambios sustanciales en la nación. Pero en su intento, en 1994, Aristide fue derrocado por un golpe militar del viejo ejército despótico duvalierista, del que se cree que Estados Unidos también tenía metidas sus manos, aunque aparentó condenar la iniciativa. El proyecto de Aristide fue vencido, por lo que se exilió.
Durante su exilio, la nación incurrió en actos de corrupción. Haití tuvo dos opciones: lograr el realojamiento militar a través de revueltas populares o salir de la junta militar con la intervención de los Estados Unidos para que trajera devuelta el gobierno de Aristide. Esta última fue la opción tomada. Cuando esto ocurrió, Aristide fue perdiendo el apoyo de la gente, cuando antes había sido uno de los dirigentes con más impacto en las masas pobres haitianas. Incluso muchos de estos sectores se pusieron en su contra, ya que los niveles de corrupción que se le adjudicaron fueron muy altos. Los haitianos estuvieron a punto de la insurrección, pero la vieja guardia lo impidió.
A partir de estos hechos es que comienza la intervención extranjera en Haití. Esta, en un principio, tuvo niveles muy bajos de participación por parte de grandes potencias como Canadá y Francia, es por eso que no era suficiente para controlar una casi “causa perdida”.
Para continuar, Estados Unidos logró que países de América Latina se comprometieran con la intervención, sin importar la situación de Haití. Esto se generó debido al descontrol y al quiebre de diversas instituciones del Estado que generaron inquietudes a EE.UU. por lo que además pidieron a la ONU, que participara en el movimiento de pacificación. Así nació la MINUSTAH, comandada por Brasil e integrada por países Latinoamericanos, como Argentina, Chile, Uruguay y Ecuador, entre muchos otros.
Algunos estudiosos coinciden en pensar que la intervención tiene base en intereses políticos y económicos impuestos por EE.UU., Francia y los países colaboradores. Las fuerzas de la ONU no pueden desarrollar inteligencia en Haití, eso queda a cargo de los países cabecera de la iniciativa.
La historia se repite
En este momento es necesario recordar que ambas naciones han dejado miseria y sufrimiento en ocasiones anteriores a Haití. Este fue el primer país de América que se libera en 1804 de Francia y lucha contra las tropas napoleónicas, siendo este el primer paso a la libertad de los esclavos en la colonia francesa. Pero para poder ser realmente reconocidos libres internacionalmente, Francia obligó a Haití a pagar una indemnización de 90 millones de francos oro, en 1838, lo que terminó de pagar en 1883. Ellos llevan más de 200 años de resistencia.
Se supone que la intervención ha sido provocada por la inestabilidad del país haitiano, pero esto no ha tenido resultados del todo favorables. La maniobra ha afectado considerablemente. Existe tanta pobreza y descontento social al ser éste un Estado manoseado por países o gobiernos que a su parecer han hecho de su voluntad en tierra ajena, resguardando los intereses de EE.UU. y Francia.
Por otro lado se reclama que los derechos humanos en Haití son pasados por alto, no sólo el derecho a la vida, sino los económicos, sociales, culturales y la opinión de la gente que no puede decidir que quiere para su país. Es terrible, pero incluso, existen acusaciones hacia los soldados de la MINUSTAH, que aseguran han violado mujeres haitianas. La pregunta que nos hacemos todos hoy es: ¿Dónde están los resultados de la ayuda que se le ha entregado a Haití? Todos los recursos que estaban destinados a paliar el hambre y la pobreza del pueblo haitiano, a la educación, salud y desarrollo, hasta ahora no se ven. El 52% de la población viven bajo la pobreza.
La ONU, envió a un experto a realizar un informe sobre la situación de Haití, al Francés Louis Joinet. Su trabajo sobre los derechos humanos señaló que el clima de violencia, la situación de mujeres y niños, la libertad de prensa, la crisis de identidad de la policía y la lucha contra la impunidad son signos de un Estado en condiciones catastróficas. Es por eso que cuando recordamos esta hermosa nación, exclamamos, con ahogo en nuestro corazón ¡¡ Ay Haití!!
Hasta hoy el país está intervenido y sigue sufriendo las mismas penurias. La situación haitiana es muy controversial ya que organismos mundiales están involucrados, pero aún así se cree que la intervención tiene intereses políticos y económicos. No deja de sorprender el hecho de que muchos países estén colaborando con la causa de “apoyo” a Haití, es fácil pensar que cada nación tiene su interés propio y su conveniencia al ser parte de esto, ya que resulta iluso creer que están ahí sólo por ayudar a una patria devastada. Aunque sería muy bonito, si fuera cierto.