Haití, y las diferencias de clases
A años luz de una solución
En Puerto Príncipe están los tres poderes del Estado, y además es la ciudad donde habitan la mayor cantidad de haitianos pobres. Esto no solo genera un nido de odio y resentimiento entre el pueblo y el gobierno, si no que también entre las distintas clases sociales del país.
Pedro Marín R.
Ronaldinho, Ronaldo y Kaká, entre otros, entrando a la cancha del estadio de Puerto Príncipe. Una imagen que, tal vez y a simple vista, nos parece inusual en un país tan pobre, y con tantos problemas sociales y económicos.
Pero es verdad, la UNICEF junto con la Organización de Naciones Unidas (ONU), han organizado este partido para darle alegría y esperanzas a un país que, en los últimos años, solo sabe de invasiones y problemas externos.
El resultado es lo menos importante en este encuentro, lo que importa es que el pueblo pueda ver a “ídolos” mundiales, y por algunas horas puedan olvidarse de todos los problemas que afectan al país.
Haití, una nación que en un principio se llamaba Saint-Domingue, es la primera nación negra del mundo y la segunda República independiente en el continente americano, incluso su independencia fue antes que nuestro país, y mucho antes que la de Brasil y Argentina, por nombrar algunos.
Jean-Jacques Dessalines, es conocido como el padre de la patria en Haití, quien tenía como objetivo que el país fuera libre, fraterno, igualitario, soberano y sobre todo unido, sueño que hasta el día de hoy no se ha podido concretar.
Hoy por hoy, en Haiti, no podemos encontrar clases sociales igualitarias como tal, es tanto el caos que incluso se parece prescindir de aquella definición, pues los distintos grupos que existen se pelean entre ellos, y la invasión de soldados para salvar al país de una crisis profunda, no han dado resultados.
En la capital, existe un grupo dominante los que son conocidos como los de NO-derecha, son personas, negras, mestizas y blancas, que luchan en contra el sistema de gobierno que impera en la nación.
Palabras de Wooldy Edson Louidor, un historiador que ha vivido casi toda su vida en Haiti, dice “cada vez, más grupos de delincuentes amplían su campo de acción, además de Cité Soleil y Bel Air, ahora actúan en Martissant, Ti Bois, Gran Ravin, Ti Manchette, Carrefour-Feuilles”,
Este es lo que tiene a Haití en un a gran encrucijada. No se sabe si el Estado va a ser capaz de gobernar, pues los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, se encuentran en Puerto Príncipe, la capital haitiana, y este grupo tiene su núcleo central muy cerca del Estado.
En Haití podríamos establecer dos clases sociales más definibles, los ricos influenciados por los franceses y los pobres que en su mayoría son indígenas.
La clase acomodada es la que mantiene la cultura francesa en el país, es la gente de plata, los que exportan los productos y tienen para subsistir sin problemas.
Los pobres, en cambio, son los indígenas, los esclavos de los ricos, los que no tienen otra opción que vivir del ganado y cultivar algo para lograr tener por lo menos una casa donde vivir.
Lamentablemente en este país no podemos encontrar a la clase meda como ocurre en Chile, Argentina, etc. En Haití si no eres pobre, eres rico.
En un principio las distintas clases sociales que existían en ese país, era exactamente lo contrario, los negros peleaban en contra de los mestizos y los blancos, para hacerse respetar.
La mayoría de los habitantes del país, no creen en el gobierno y ven en los cascos azules una ayuda para salir de la crisis social en la cual están inmersos.
La Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) y la Policía Nacional de Haití (PNH), han dispuesto de una “limpieza” de la capital, para que el gobierno pueda actuar sin ningún problema.
Una pequeña esperanza
Las dos clases sociales que existen en Haití, ven con buenos ojos la misión de los cascos azules en el país. Las tropas de la ONU, son las que están tratando de llevar a cabo el orden y la paz en el país, todo esto se produjo después del golpe de Estado que se produjo en el año 2004, la cual provocó la salida del presidente Jean Bertrand Aristide.
Pero no todo es bueno para el surgimiento de las clases sociales, el pueblo haitiano no ve de buena manera al gobierno, piensan que Préval va a lucrar en vez de ayudar al país y de una vez por todas salir de la pobreza en la cual están inmersos. (Wooldy Edson Louidor, historiador)
Cabe mencionar que René Préval fue elegido democráticamente en el año 2006, para gobernar el país por cinco años.
Haití es uno de los países más pobres del mundo, su analfabetismo es altísimo, con lo cual, la clase “acomodada”, es una de las privilegiadas del país.
Si bien esta clase resulta ser la que maneja más recursos de dinero no opera en el país, la mayoría decide buscar nuevos horizontes, pues saben que si siguen hay, no van a surgir nunca.
Mientras esto ocurre con la clase alta, los pobres siguen su lucha en contra del gobierno, y si bien los cascos azules han sido capaces de mantener el orden, los secuestros de menores y la tenencia ilegal de armas por parte de los ciudadanos entre otros problemas de índole social, siguen creciendo.
En el pueblo haitiano los secuestros de menores sobre todo escolares son pan de cada día, al igual que los tiroteos.
Bernadette Jean Joseph, directora de la Ecole Nationale Isidore Boisrond, de Puerto Principe de Haiti recuerda uno de los tiroteos del año pasado, "Cuando comenzó el tiroteo, estábamos en clase de gramática y lo primero que hice fue decirle a los niños que se quedaran debajo de sus mesas y que no les iba a pasar nada”. http://www.unicef.org/spanish/infobycountry/haiti_31995.html
La situación social de Haití hoy en día, se caracteriza por una polarización excesiva de los estratos sociales. La brecha es cada vez más profunda entre los ricos y los pobres, haciendo cada día más difícil la posible existencia de una clase media intermedia.
Esto no favorece en nada al desarrollo que el país desea. Por una parte, se instauró un lenguaje de exclusión, dónde cada uno se engancha a su campo y pretende matar a los enemigos, mientras que el adversario debe quedarse neutro y tranquilo.