África

Niños Soldados:
Un juego cruel            
Por Evelyn Quezada A.

La guerra en el continente africano junto con traer muerte y destrucción,  a dado paso a la práctica de un abuso contra los niños aún más deplorable.

Hoy en día la utilización de menores como combatientes en enfrentamientos armados es algo común para las fuerzas y grupos militares quienes incluso los obligan a matar a su propias familias.


 

2La utilización de niños en los conflictos bélicos africanos es una imagen característica que tiene el mundo occidental respecto a ese continente. La imagen de niños portando armas y fusiles más grandes que ellos recorre la cabeza de muchas personas que no logran entender por qué el destino de esos pequeños se ve envuelto en tan macabra situación. 

Desde los años 1990 África atraviesa por un período de constantes conflictos civiles. En la actualidad las invasiones en Irak perpetúan el tema de la guerra y con ello el mundo y las organizaciones  no gubernamentales internacionales se han tenido que preocupar por el tema del uso de los niños soldados. De nueve informes realizados por Human Right Watch, siete conciernen a países de África como practicantes de ese flagelo.

Pese a ser un tema de importancia mundial, la opinión pública internacional ha tardado en incluir dentro de su agenda la utilización de los niños. Si bien desde el Convenio de Ginebra en 1949 se concede una protección especial a los niños en periodo de guerra, el niño soldado penetró en el discurso humanitario internacional sólo a partir de 1977, con los protocolos adicionales. Sin duda el paso más importante para que todos los estados ratificaran su compromiso en la lucha por eliminar esta práctica fue en 1989 cuando la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó el Convenio sobre los Derechos del Niño.

Esta convención sirvió como fundamento jurídico para la condena de varios movimientos y actores armados que recurrían a menores.

Un ejemplo de esto el  Lord’s Resistance Army (LRA), cuyos dirigentes luego de casi 20 años de conflicto en Uganda, fueron acusados por la Corte Internacional Criminal (CIC) de crímenes de guerra y especialmente del secuestro y reclutamiento de miles de niños soldado.

Como lo señala Ángela Sobrino López, “las guerras se dan  en los denominados países frágiles donde la capacidad de gobernar y regular se ha perdido, los sistemas educativos, sanitarios y de producción por lo general no funcionan, los mecanismos de control no existen, los derechos humanos son violados casi sistemáticamente y suele reinar un caos total. En este contexto los grupos armados actúan libremente”.

Otro caso es el del Congo que en el periodo de guerra utilizó a miles de niños para la lucha armada. Amnistía Internacional señala, que  la República Democrática del Congo registra una de las mayores tasas de niños soldados en todo el mundo. Estos menores suelen recibir un trato violento durante su entrenamiento y en algunos campos se han registrado muertes de niños debido a las deplorables condiciones en que vivían.

Como lo señala Amnistía Internacional, a estos niños se los envía a las líneas de combate, ya sea para detectar a las tropas enemigas o para servir de guardaespaldas de sus jefes militares.

Son niños y niñas a los cuales se recluta de las más variadas formas.  Desde  el secuestro en las puertas de sus propias  escuelas, bajo presiones físicas y psicológicas, como ocurre en  Sierra Leona, Burundi, Costa de Marfil y Liberia, hasta la incorporación voluntaria a causa de la pobreza y la marginación social.

A la mayoría de ellos se los convierte en esclavos sexuales de los soldados, lo que provoca como consecuencia la transmisión de enfermedades venéreas, el contagio de Sida y numerosos embarazos no deseados que luego se convierten en abortos llegando incluso hasta muerte.

Una vez en el ejército, reciben instrucción militar y viven en condiciones deplorables. Luego son mandados a combatir. La última generación de armas más livianas y manejables hace que hasta niños de siete u ocho años las dominen tan bien como un adulto.

Algunos de los niños son obligados a consumir drogas y alcohol para luego obligarlos a matar incluso a miembros de su familia, o participar en actos de canibalismo con los cadáveres de los enemigos muertos en los combates. Según el artículo de Carina Temperini, el suministro de estas sustancias hace que el niño sienta el coraje y arrojo necesario para cometer este tipo de atrocidades.

Los niños debido a su incompleto  desarrollo mental,  son perfectos objetos entrenables, fáciles de convertir en soldados ideales, porque obedecen órdenes, no demuestran miedo y pueden llegar a cometer actos suicidas.

En un artículo de El Corresponsal, aparece el testimonio de Rebecca Sackie (19 años): “Cuando me reclutaron las fuerzas del gobierno me dieron drogas para poder luchar contra los enemigos.  Luché duro y ahora soy capaz de hacer cualquier cosa. Los niños de Liberia dejaron la guerra pero no las drogas”.

Según Ángela Sobrino López, las consecuencias físicas y psicológicas que tienen estos niños son muy importantes. La única forma de acabar con esto es que dejan las armas y no vuelvan a ser secuestrados, pero como lo demuestra su experiencia “cuando se les desmoviliza suelen llevar ya mucho tiempo luchando, y la guerra ha pasado a ser su forma de vida. El grupo armado es su referencia y les proporciona seguridad”. Aunque admite que hay muchos de ellos que desean escapar debido a la vida que llevan, ahí es a su juicio dónde los rehabilitadores tienen que presentar opciones más atractivas, inculcarles respeto y confianza en ellos mismos.

Una medida necesaria para acabar con esta práctica  es la abolición legal del reclutamiento y la utilización de menores en los conflictos armados. Además resulta urgente que en los países africanos se ponga en marcha iniciativas destinadas al desarrollo económico,  terminar con el conflicto armado y la consolidación de la paz.

"Acabar con el ciclo de atrocidades en África Occidental depende del desarme de estos combatientes, de su desmovilización y de que se les ofrezcan otras opciones diferentes de la guerra", afirmó el director de la división de África de Human Rights Watch, Peter Takirambudde, para El Corresponsal.

Los años que los niños de decenas de países han pasado en el círculo de la guerra, sin duda dejaran un legado amargo para las generaciones futuras. Lo importante a nivel de organizaciones internacionales y de países, es lograr que la cifra de la UNICEF, que habla de 300.000 mil niños soldados en 30 países de todo el mundo se reduzca a cero. Tarea difícil, porque pese a que el tema está en la agenda internacional, la única forma de que se acabe con esta práctica es que los países africanos pongan fin a  las guerras y eso sí que es un conflicto aún más difícil de solucionar.