África

Sudáfrica:

¿La Perla Negra?

Es la primera potencia económica del continente, el mayor productor mundial de platino, oro y cromo y es uno de los países que explota con más inteligencia sus bellezas naturales. Sin embargo, sobre la joyita del continente africano se ciernen las sombras del apartheid y el SIDA. Un territorio de contrastes y que aún mantiene fresca en su memoria las heridas de la segregación racial y el estancamiento social.

Por: Sebastián Parraguez Soto


La historia de Sudáfrica está marcada por la presencia europea desde el siglo XVI, la cual ha dejado una huella que perdura hasta el día de hoy y que, digámoslo así, no es el recuerdo más lindo que se atesore por esos lados.

            Por el país más rico del mundo en oro, han desfilado principalmente portugueses, holandeses y británicos, quienes durante siglos lucharon entre ellos para, posteriormente, pelear contra los nativos del lugar.

            Tras sucesivos combates, los holandeses lograron establecerse en la zona central de Sudáfrica, lugar que es conocido como Highveld. Aquí formaron cuatro repúblicas -las que fueron derrotadas por los británicos- y que luego fueron conocidas como la Unión Sudafricana, un nombre demasiado ostentoso para la realidad de la incipiente nación.

            En este experimento de país no se reconocían los derechos fundamentales a la población de raza negra (a pesar de que los descendientes de los primeros colonos europeos eran minoría dentro de la población total),  quienes no podían participar de la toma de decisiones del nuevo régimen. Lo anterior, podríamos señalarlo como la génesis de lo que sería el apartheid.

¡Claro! Porque lo que ocurrió en 1948 fue sólo el reconocimiento en el papel de la segregación racial de la que era víctima la mayor parte del país. Sin embargo, las medidas eran aún más restrictivas que las existentes en el inconciente social.

Los puntos eran simples: se dividía a la población en razas, con el fin de promover el desarrollo. Se segregaron playas, autobuses y escuelas, se suprimieron los derechos a voto de todos aquellos que no eran blancos y se les negó la posibilidad de ocupar puestos de gobierno.

2Más de cuarenta años tuvieron que pasar para que la resistencia interna al apartheid, sumada a las campañas internacionales, lograron que el gobierno del Partido Nacional se sentara a negociar con la oposición. No obstante, el oficialismo no dejaría el poder tan fácilmente, ya que garantizaron la continuidad de las políticas económicas, la desmantelación del programa nuclear de Sudáfrica entre otras medidas.

No obstante, para la profesora de Relaciones Internacionales, Verónica Barrios, “el apartheid permitió que los blancos construyeran un país que, si bien fue condenado por la Comunidad Internacional por su política segregacionista (con el consiguiente aumento de las sanciones, arrestos y la opresión contra la población que no era blanca),  se le reconociera el desarrollo económico y la estabilidad política que lograron en un continente muy convulsionado”.

Las heridas del apartheid y el estancamiento económico

El triunfo de la oposición en las primeras elecciones multirraciales de 1994, con las que derrotaron al régimen segregacionista, mostró sin tapujos la herencia de los años bajo el apartheid, cuyos efectos más negativos se reflejan en las diferencias que aún persisten entre blancos y negros.

Y es que a pesar de ser un país en el cual se hablan nueve lenguas, donde el 79% de la población es de raza negra, de riquezas naturales inimaginables y de tener tazas de crecimiento que empinan por sobre el 4%, la inclusión social es un fenómeno que aún se encuentra lejos de llegar a costas sudafricanas, produciendo un desarrollo notoriamente desigual al interior de la sociedad.

            Sin embargo, existe otro punto que hace tambalear las ansias de crecimiento y desarrollo sudafricano: el SIDA.

            De los 44 millones de habitantes del país africano, el 13% de la población, convirtiéndose en la nación con el mayor número de infectados por el VIH en el mundo, lo que termina por afectar la fuerza productiva.

            No obstante, el gobierno ha intentado subsanar los problemas productos del virus, y optó por potenciar su inmensa diversidad natural, utilizándola como un polo de atracción los parques nacionales.

            A pesar de esto, la docente de la Universidad Santo Tomás es enfática en señalar que “sobre los problema actuales de Sudáfrica, sin duda que el SIDA afecta al continente en su conjunto, aunque en Sudáfrica es menor que el África negra (sector central del continente) en gran parte dada su política de salud pública. Los reales problemas para el país provienen del fin de apartheid y la integración de la mayoría negra de su población en igualdad de condiciones que los blancos. Pero se encuentran con años de disparidad y menor calificación que tienen los negros lo que ha retrasado su real incorporación a la sociedad sudafricana”, declara.

            Los retos parecen ser muchos todavía para que Sudáfrica sea considerada realmente como la Perla Negra del continente y pueda unirse al club de los países desarrollados.