En Guerra y Pobreza en África
En el Ojo del Huracán
Pamela Palma Castro
Diversos tipos de guerras enajenan el corazón de un continente que se encuentra totalmente desintegrado.
Enfrentamientos bélicos, movilizaciones civiles, dependencia occidental, humillación y miseria son los tópicos más comunes que caracterizan a África.
Pero la guerra no cesa, y cada día se registran nuevos antecedentes de conflictos brutales que no llegan a nada positivo, poniendo aún más en peligro, la casi inexistente integración del pueblo africano. Países como Somalia, Etiopía, Sierra Leona, Angola, Congo, Liberia, Sudan, Ruanda y Eritrea, han llenado de cicatrices la geografía de un continente fraccionado. mapa
Al parecer, África mantiene una constante lucha interna por querer surgir, pero lamentablemente el método bélico lo ha llevado a hundirse aún más de lo que alguien puede imaginar, convirtiéndolo en un activo dependiente del mundo occidental y por lo tanto, en una región altamente miserable, en donde la ayuda externa, igual de miserable, se limita a resguardar la integridad de sus propios intereses.
Entre sus prioridades se encuentra el miedo a la propagación del VIH, la posesión, autonomía y explotación de recursos, o bien, el insignificante bienestar que produce dar una limosna o adoptar a un niño tal vez, para conseguir abolir culpas propias. Pero en general, las grandes naciones han hecho vista gorda de los reales problemas que existen en este continente.
África cuenta con una población estimada de 680 millones de personas, en donde, la línea de la extrema pobreza aumenta cada año, proyectando que para el año 2015 una de cada dos personas será pobre, es decir 400 millones de habitantes. ONU
Por ejemplo, en Sierra Leona, un 70% de africanos se encuentran por debajo de la línea de la pobreza, en donde las posibilidades de empleo son escasas y si a esto se le suma el general de la deuda externa, estamos en presencia de todo un continente en crisis. Índices
Lo lamentable es que el pueblo africano no tiene más alternativa que aceptar estas limosnas con el fin de sobrellevar a corto plazo, su miseria, aún cuando, registros de Oxfam revelan que: “por cada dólar entregado en ayuda a África, los donantes reciben dos dólares de vuelta... y que “el aumento de un uno por ciento en el comercio con África reportaría 70.000 millones de dólares al continente – cinco veces más de lo que África recibe actualmente en ayuda y condonación de la deuda”. oxfam
Por lo tanto, pierde más de lo que recibe en ayuda extranjera. Un artículo de African Renewal de Naciones Unidas, muestra que Malí recibió 37,7 millones de dólares en ayuda de Estados Unidos en 2001, pero perdió 43 millones de dólares a través de los bajos precios del mercado. El país del norte de América se llevaba más con una mano y daba menos con la otra.
Es triste pero a la vez natural, que los habitantes de estos países no encuentren más alternativas que el conformismo, la emigración o en el peor de los casos, el genocidio. Debido a que no han encontrado realmente el apoyo necesario para salir adelante, algo que además se hace casi irreversible inmerso en un mundo el cual las guerras son constantes y a los ojos del mundo, sin tanta importancia.
En caso de emigración, las posibilidades de salir del círculo de la pobreza no son confiables, aún así aquellos que lo han logrado jamás volverán a contribuir en aquel lugar que los hundió.
Se trata de un problema de prioridades, en donde los monstruos cubiertos en capital no están dispuestos a negociar sin sacar algún beneficio. Porque hasta ahora no han visualizado una verdadera amenaza que logré poner a África en el verdadero ojo del Huracán.
Pero las intuiciones de algunos se han asomado para demostrar que un territorio condenado a la guerra y a la pobreza endémica debe manifestarse de alguna u otra forma, a nivel mundial.
Actualmente, los tambores de guerra retumban entre los países de Somalía y Etiopía, pero esta vez lo hacen frente a una conocida amenaza, el impulso del mundo islámico.
Así es, mientras niños y adolescentes hambrientos, mueren presos del combate cuyo ejército civil, bastardo y de objetivos inexactos llega a nada, una nueva corriente se hace presente y corresponde a El Consejo de Cortes Islámicas en Somalía (SICC), un grupo radical inspirado en Al Qaeda y que en junio del año pasado se hizo conocido por la captura de la capital de Mogadiscio conocida también como una de las más peligrosas del mundo.
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Frente a esto, Etiopía ha dado la batalla, enviando fuerzas militares para combatir Somalía, sin embargo, algo mayormente profundo se esconde detrás de lo que sería una guerra más.
Reflexionemos, nos encontramos con la lucha de dos Estados que por años han sido protagonistas de sus diferencias, políticas, ideológicas y religiosas. Las mismas que han luchado por lograr el liderazgo del noroeste africano, hasta ahora nada nuevo. Pero, ¿qué pasa cuando el radicalismo islámico se hace presente?
Para nadie es novedad que estos movimientos de carácter extremo atenten contra la paz mundial, por lo que es válido suponer que este nuevo conflicto adquiere un matiz absolutamente diferente. Sobre todo si se toma en cuenta de que en el caso que el Consejo de Cortes Islámicas de Somalía logre apoderarse de gran parte del continente ,generaría un Estado islámico radical, algo así como Afganistán, pero en esta ocasión cerca de una de las principales rutas de petróleo en el planeta, las orillas del Mar Rojo.
Por lo tanto, si el objetivo de África es llamar la atención, debemos creer que por fin lo ha logrado. Los grandes Estados verán esta amenaza, como algo real, dejando por lo menos, de ejecutar logros personales a través de la vergonzosa misericordia que practican con los países hermanos, Y tal vez mostrarán su real ideal, el capital.