Consejo de Seguridad de la ONU intenta ayudar con informes para propiciar la paz
El continente desangrado
La guerra en esta parte del mundo lleva más de tres décadas. La muerte es pan de cada día, 12 millones de africanos han fallecido en los conflictos armados. El Consejo de seguridad de la ONU ha hecho algunos aportes, sin embrago, la ayuda aún es ineficiente.
Por: Denisse Leigthon
“Los conflictos en África, como en cualquier otra parte, provienen de actos humanos y puede ponérseles fin con actos humanos. Esa es la realidad que nos cubre de vergüenza cada vez que surge un conflicto y permitimos que persista; la realidad que nos fuerza a convertir nuestra retórica de dedicación en actos de intervención genuina”, Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi A. Annan en su informe “El África que África merece”.
El continente africano lleva más de tres décadas de conflictos internos. Desde 1970, se han producido más de 30 guerras, la mayor parte de estas son contiendas civiles.
Sólo en 1996, de los 53 países del continente 14 se vieron afectados por conflictos armados. Según las Naciones Unidas durante la última década 13 millones de personas han muerto debido a las guerras en todo el mundo, de ellos 12 millones fueron africanos.
Además, estos conflictos han dejado un saldo de 8 millones de refugiados, repatriados y personas desplazadas. Lo que ocurre en este continente es producto de distintas disputas por territorios y religiosas.
Algunos ejemplos de estar encarnizadas disputan son los de Sudán, Uganda y Costa de Marfil. Países que han visto cómo los problemas aumentan.
Sudán es un país donde las infraestructuras prácticamente no existen, se sufren enfermedades pandémicas y hambre crónica, a causa de la sequía. Seis millones de personas dependen aún de la ayuda alimenticia para sobrevivir.
En Somalia tras 14 años de conflicto ocurre algo muy parecido. Inmerso en la anarquía, sin infraestructuras sanitarias y con cuatro médicos por cada 100.000 habitantes, su situación actual es de una profunda catástrofe humanitaria.
Desnutrición, sequía y pobreza extrema son el pan de cada día para la mayor parte de la población somalí, especialmente la del sur, donde dos millones de personas se enfrentan a la ausencia casi total de alimentos en los próximos seis meses.
Mientras, en Uganda tras 20 años de ataque del Ejército de Resistencia del Señor (LRA) y los desplazamientos comenzados por la propia Administración, 1,6 millones de personas han sido trasladadas a lugares sin ningún tipo de asistencia y donde las condiciones de vida son ínfimas.
En septiembre de 2002, estalló la violencia en Côte d'Ivoire, el que alguna vez fue el país más estable de la región. Lo que empezó como una protesta contra la desmovilización inminente de un grupo de soldados se convirtió en una guerra que ha dividido el país en dos.
Según la revista internacional de la Cruz Roja, “Côte d'Ivoire fue el centro económico y político de África occidental; cinco millones de extranjeros vivían allí. Hoy, miles de civiles han sido asesinados y se cuentan por decenas de miles las personas desplazadas”.
En Costa de Marfil, la guerra que comenzó en 2002, ha causado el desplazamiento de miles de personas y la muerte a gran parte de la población.
Actualmente, África está sumida en una realidad que va de mal en peor. Existen instituciones que intentan hacer un aporte para solucionar en parte estos terribles problemas. Sin embargo, nada ha cambiado.
Ayuda ineficiente
“En octubre de 2005, la Corte Penal Internacional pidió órdenes de arresto contra Joseph Kony, líder del el Ejército de Resistencia del Señor (EJS), y contra cuatro de sus comandantes. Se los acusa de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad en Uganda”.
Después de décadas de conflictos, finalmente la ONU está tomando cartas en el asunto. Y mediante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, intenta ayudar a la solución de los problemas del continente africano. Los aportes van desde alimentos y ropa, hasta orientación política y judicial.
El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi A. Annan en su informe “El África que África merece” dicta varas alternativas para ayudar a este continente, entre ellas pide que “los Estados Miembros de las Naciones Unidas deberán aprobar leyes que permitan el juicio, en las cortes nacionales, de violaciones a los embargos de armas del Consejo de Seguridad”.
Además, dice que “el Consejo de Seguridad deberá considerar urgentemente la forma en la cual las Naciones Unidas pueda ayudar compilar, rastrear y publicar información sobre el tráfico de armas”.
Otro punto interesante es el de que “el Consejo de Seguridad se debería reunir cada dos años a nivel ministerial para evaluar los esfuerzos emprendidos y las acciones necesarias para apoyar el proceso de paz y desarrollo de África”. Y que esta entidad “debería considerar convocar, antes de cinco años, una sesión a nivel de cumbre mundial con el mismo fin”.
En el 2004, gracias a la intervención del organismo de seguridad de la ONU, en Sudán se firmó un tratado de paz entre el gobierno y los rebeldes. Es así como se desplegó una operación de apoyo para la paz, que ha logrado calmar considerablemente los conflictos en ese país.
A pesar de estos buenos resultados, el proceso de paz entre Etiopía y Eritrea ha sufrido un abrupto estancamiento y ha aumentado la presencia de tropas a ambos lados de la frontera y la Zona Temporal de Seguridad.
El Consejo de Seguridad de la ONU no ha hecho lo necesario para ser un real aporte a la solución de los problemas en África. Además, debemos recordad que esta es un organización de carácter internacional y por lo tanto debería tener la fuerza necesaria para cambiar radicalmente lo que ocurre en este continente.
Hoy los africanos sueñan con un mejor fututo, sin muertes y sin hambre. "Estaba estudiando derecho cuando comenzaron nuevos ataques en mi país", explica Bradley Brown, un refugiado liberiano de 24 años. "Quisiera volver a casa, terminar mis estudios y ser un buen abogado y militante por los derechos humanos. Estoy cansado de pasar de un campamento de refugiados a otro."