África

Evolución económica y social

Anclada en el Subdesarrollo

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África a estado durante años un paso más atrás que el resto del mundo, las causas son muchas, pero las soluciones pocas. Por eso espera una real solución que le permita insertarse en el desarrollado siglo XXI.

Por Mackarena Pastén.

 


Es difícil imaginar que la zona considerada como la cuna de la humanidad,  sea el territorio menos desarrollado del planeta.

A pesar de haber sido el lugar donde existieron los más grandes y poderosos imperios de la historia, en la actualidad África está sumergida en un profundo agujero, llamado subdesarrollo.

Este continente se ha visto en desventaja ante los demás, tanto en materias tecnológicas como intelectuales, que lo han llevado a estar un paso más atrás que los otros. Esto se debe a que ha tenido que sortear diversas dificultades, tanto internas como externas, a lo largo de su extensa trayectoria.

Para poder comprender por qué África se ha quedado estancada en el tiempo, es necesario mirar hacia el pasado para encontrar algunas respuestas.

Siglos atrás, en esta zona, los contactos entre pueblos eran muy escasos debido a la dificultad de las comunicaciones, sobre todo entre el norte y el sur.

Tanto el desierto del Sahara como la selva ecuatorial suponían auténticas barreras infranqueables para los pueblos. Por esta razón el comercio y la mezcla de razas eran casi inexistentes.

Una de las amenazas externas que golpeó más fuerte a esta localidad fue el capitalismo y la revolución industrial, que nacieron en Europa en el siglo XIX. El colonialismo reaparece como la mejor opción para el desarrollo, debido a que los países europeos necesitaban expandirse en busca de regiones que les proporcionaran materias primas y mercados.

A diferencia de los imperios de la Edad Moderna, los de la revolución industrial sólo pretendían explotar el territorio, sin preocuparse del bien estar de la población.

     Entre los países europeos comienza una carrera por el dominio de África, y del mundo. Esta carrera tendrá su expresión máxima en la Conferencia de Berlín de 1884-1885, en la que los países europeos se repartieron África.

            Después de las divisiones comienza la intensa explotación y los verdaderos cambios. Las potencias se deciden a invertir en infraestructuras de comunicación, como carreteras, ferrocarriles y puertos. Además, la población indígena sufre un profundo cambio con la aparición de las ciudades, se urbanizan y surge el proletariado indígena, propio del sistema capitalista.

            Los cambios e inversiones que trajo consigo la distribución del continente africano, no pudieron solapar las consecuencias que esta traería en los años venideros, cuando África consiguiera su independencia.                                                              
                                                               
Cuando los Estados africanos fueron liberados no pudieron liquidar las profundas fronteras que habían trazado los europeos para su propia conveniencia. Los acuerdos políticos no consideraron los limites étnicos, lingüísticos, culturales, ni religiosos. Ahora los conflictos más graves no se producirán por los límites de los territorios, si no por luchas internas consignadas para llegar al poder.

            Luego de este viaje al pasado es hora de revisar las actuales causas que mantiene a África anclada al subdesarrollo.

2África aún sigue basando su economía en el sector primario, es decir, en las materias primas que obtiene de su tierra, arrastrando consigo dos grandes problemas. El primero, es la desaparición de ciertos mercados para los productos tradicionales africanos, tales como el cacao, la copra, el algodón y los corazones de palma. Esto se debe al desarrollo de sustancias sintéticas sustitutivas, de modificaciones tecnológicas o de cambios en los hábitos de consumo de los países centrales.

La segunda es la baja en las exportaciones, que se relaciona directamente con lo anterior.

Otro de los motivos existentes son las continuas guerras internas, que hacen que la región proyecte una imagen de inestabilidad política, la que provoca una baja o desaparición de la inversión extranjera y el turismo.

La llamada África subsahariana, que comprende a los países africanos ubicados al sur del desierto del Sahara, es por muchos considerada la región más pobre del planeta, que sufre los graves legados del colonialismo, el neocolonialismo, los conflictos étnicos e inestabilidad política.

Un claro reflejo de lo anterior  ocurre en la Republica de Zimbabwe, que durante toda su historia a estado envuelta en problemas de racismo, corrupción y guerras, lo que provoca una inestabilidad social y económica.

El sistema económico de Zimbabwe está en crisis, padece de una hiperinflación que ha disparados las tasas inflacionarias a un 586 por ciento, convirtiéndolas en las más altas del mundo. Además, sufre de la escasez de divisas y provisiones.

La tradicional agricultura y la extracción de minerales, en especial el cromo, son las bases económicas de este país.

Los ciudadanos de Zimbabwe no gozan de una buena calidad de vida, evidentemente, el 90,7 por ciento de la población es analfabeta, la tasa de adultos infectados por SIDA asciende al 24,6 por ciento, según estimaciones del año 2001, y la esperanza de vida en esta localidad llega apenas a los 39 años.
Contradictoriamente, en esta misma zona, se encuentra Sudáfrica, la primera potencia económica de la región, que suele situarse entre los países del mundo desarrollado.

Este país basa la mayor parte de su economía en la minería, sobre todo en la extracción de minerales y metales preciosos, como los diamantes, el oro, y el platino. Además, otro factor económico decisivo radica en su naturaleza extraordinaria, única en el mundo, y en sus numerosos parques nacionales, que atraen turistas de todas partes del planeta.

Es bastante curiosa la disociación que se da entre la evolución económica y social, ya que, comúnmente se tiende a pensar que ambas van de la mano, pero en Sudáfrica, a pesar de estar posicionada como la economía privilegiada del continente, siguen existiendo millones de habitantes que viven en la pobreza.

En cierto modo Sudáfrica es una excepción, ya que, la mayor parte de los estados africanos tienen problemas para sobrevivir, debido su primitivo sistema de vida.

Muchos gobiernos africanos han obtenido asistencia de países más ricos bajo la forma de préstamos “blandos”, provocando que varias naciones se hayan vuelto totalmente dependientes de la ayuda internacional, a un grado tal, que si está asistencia disminuyera, los equilibrios políticos y económicos se verían amenazados.

Este tipo de soluciones no ayudan al continente africano a salir del hoyo en el cual se encuentra, porque resulta prácticamente imposible cancelar los intereses y vencimientos de los préstamos externos con las escasas entradas de dinero que proporcionan las exportaciones, día a día se desvalorizan más en el mercado.

Una real solución para África sería recibir una inversión extranjera que financiara una educación de calidad, porque desde esa base se podrá mejorar la mano de obra, especializándola, para aprovechar al máximo los recursos naturales que se poseen.

Todo cambio que se produzca debe ir acompañado de un Gobierno justo, organizado y transparente, que se preocupe por mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y no de llenarse los bolsillos de dinero. De lo contrario cualquier esfuerzo por sacar a flote esta nación será inútil.